Su voz era inconfundible: serena, profunda y melancólica. Su "Hola, habla Jaime Bayly", en el teléfono, trajo consigo la imagen del entrevistador con cara de niño, buen humor, preguntas irreverentes y un aire de tremenda soledad.
Lo primero fue una petición: "háblame de tu". Un excelente rompe-hielo para acercarse a quien conversa.
Es un viejo conocido: el mismo que ha entrado por años en muchos hogares con sus entrevistas a los más diversos personajes, el mismo que tiene publicados varios libros -algunos muy controversiales- y el mismo cuya obra No se lo digas a nadie fue llevada al cine.
A partir de hoy, visitará por primera vez el país, y viene como siempre ha soñado: como escritor. Este peruano de 34 años, que radica en Miami, ofrecerá una firma de libros el próximo martes 23, a las 3 p. m., en la Librería Internacional de Multiplaza.
Según Gabriela Rodríguez, de Librería Internacional, esta visita es una forma de celebrar el cuarto aniversario de esa empresa y la apertura de su quinto local en Rohrmoser.
Dicen que es buen entrevistador -eso afirman muchos-, pero no hay duda de que es buen conversador: cortés y cordial. De entrevistador a entrevistador, se confesó acerca de su oficio como escritor, sus escándalos y su programa.
-Muchos lo creen irreverente, tanto en sus libros, su programa y su vida. ¿Usted concuerda con ese juicio?
-No sé si lo soy, eso que lo digan los lectores. No soy bueno para definirme, me parece que soy una persona ambigua y compleja. He hecho algunas cosas en televisión que podrían calificarse de irreverentes, aunque no últimamente.
En los últimos tiempos mi programa ha perdido la irreverencia y el descaro de los primeros años. Ya he tenido mi cuota de escándalo y he sobrevivido a ellos. No tengo la misma pasión de seguir fabricando escándalos que antes. Mis libros, tampoco considero que sean irreverentes, sino que tratan temas que algunos creen escandalosos.
-Sin embargo, hasta sus padres se han escandalizado con ellos.
-Probablemente. Ellos tienen unos valores más conservadores y se sintieron incómodos con mis primeros libros. No obstante, con ellos tengo una fantástica relación, comprenden que mis novelas son historias completamente imaginarias que tal vez han tenido la audacia de tocar ciertos temas controversiales.
-¿De qué forma concibe la literatura?
-La literatura es un ejercicio individual. Me atrevo a escribir de lo que conozco, de lo que me inquieta, de mis demonios, de mis obsesiones y todo eso que uno no escoge sino que lo selecciona a uno.
-¿Eso ha pasado con los temas controversiales como los de No se lo digas a nadie y La noche es virgen?
-Esas son las historias que tenía adentro, las historias que como escritor creí que debía contar. Si por eso pagué un precio alto y sufrí algunos escandalillos pues bienvenidos sean. El escritor tiene que contar lo que lleva dentro sin pensar en el precio social que pague.
-¿Cuál fue ese precio? A Costa Rica llegaron rumores de todo tipo...
-Las dos novelas que publiqué: No se lo digas a nadie y Fue ayer y no me acuerdo se atreven a recrear una cierta atmósfera decadente en la que prevalece la ambigüedad sexual y el consumo de drogas. Los personajes de esas novelas son jóvenes sexualmente confundidos -bisexuales-, jóvenes sin ninguna fe en el futuro... todo eso provocó un cierto escándalo en el Perú, no solo por el tema que tocaba sino porque alguna gente, más o menos maliciosamente, concluyó que esas historias eran fuertemente autobiográficas, es decir que estaba contando pedazos de mi vida.
-¿Cómo conoció esos ambientes de que habla? Sé que una parte de las novelas es ficción, pero normalmente tienen una base real
-Claro. Nunca he negado que mis novelas tengan partes imaginarias y otras basadas en mis recuerdos. Uno escribe de lo que conoce, de lo que lo ha golpeado y traumado. De manera que esas novelas, y las demás, reflejan, en cierto modo, las cosas que he vivido.
-¿De qué forma estuvo involucrado en esos ambientes?
-Son temas que me pertenecen íntimamente, afectan de algún modo la sensibilidad. Esos libros no son la historia de mi vida, es decir, lo que dice allí no lo he vivido literalmente sino que me lo he inventado. Lo he creado a partir de mis recuerdos. Cuánto hay de ficción y realidad es algo absolutamente dudoso y como escritor no podría decir con exactitud.
-¿Qué otros temas le han quedado en el tintero y trabaja actualmente?
-Estoy terminando una novela y será publicada el próximo año. Es una mirada nostálgica. Intento recobrar, aunque solo sea en la fantasía, a ciertos amigos que perdí. Son cartas a mis examigos entrañables, en las cuales he tratado de revivir esas amistades que me enseñaron tanto y me enriquecieron.
-¿Qué características debe tener, para usted, un buen escritor?
-El buen escritor es el que hace pasar la mentira como verdad. Cuando asumes que lo que te están contando tiene vida propia y es cierto, el escritor ha triunfado. Por eso, cuando me decían que todo lo que contaba en mis libros lo había vivido, lo tomaba como un elogio. Aparentemente muchos lectores lo daban por cierto, aunque yo sabía bien que me lo había inventado.
-Usted es un escritor que se enfrenta al hecho de ser más conocido como entrevistador de televisión que como escritor, que siempre ha sido su sueño...
-Es cierto. Lo acepto y lo hago por una sola razón: a pesar de que mis libros han tenido un buen éxito, todavía no me permiten vivir con la holgura económica que deseo y me merezco. La televisión es como una beca para mí, me paga muy bien, me deja tiempo libre para escribir y me hace más conocido, lo cual ayuda a que mis libros se vendan más. Si yo ganara con mis libros el dinero que gano con la televisión, ya no me vería más en la pantalla chica; ese es mi sueño.
-¿Es cierto que su programa se enfrenta a cambios?
-Sí, mi programa cambió de cadena. Estaba en CBS en español y ahora en Telemundo. Estoy a punto de sacar un programa nuevo de entrevistas, todavía no sé si va a ser todas las noches o una vez a la semana.
-Usted no ha dejado de ser un hombre aparte, muy solitario. ¿Es una característica de siempre?
-Sí, desde muy niño. En la última novela que publiqué, Yo amo a mi mami, me he alejado de los temas más sórdidos y escandalosos, me he atrevido a escribir desde la ternura y he intentado recrear parte de mi infancia, donde se evidencia que Jimmy, el personaje principal, es muy solitario.
-¿Para qué necesita la soledad?
-La soledad yo la he escogido y es parte de mi sensibilidad como escritor. Yo necesito estar solo para escribir; no puedo estar rodeado de gente. La soledad me es necesaria, también, para tener un punto de vista, para mirar la vida alerta y no ser perturbado por gran cantidad de gente.
-Sin embargo, usted tiene hijos y la familia suele ahuyentar la soledad...
-Es complicado ser un buen papá y escritor. Tenía mucho miedo de esto. Me acuerdo de haber hablado con Mario Vargas Llosa, un amigo muy querido, y él me contaba que también pensó que al tener hijos podía extraviarse como escritor. Yo creía que mi carrera podía naufragar, pero no pasó. El tiempo me ha enseñado que es posible ser un buen papá y un escritor decoroso con un poco de orden, disciplina y guardando ratos de soledad.
-Salió de Perú por Fujimoni y él aún sigue en el poder. ¿Qué relación tiene, actualmente, con su nación?
-Me gustaría distinguir entre el Perú como país y el Perú como gobierno. De mi país y de mi gente tengo una opinión maravillosa, yo voy todos los meses a Lima y me encanta; me siento muy peruano. Con el gobierno del Perú tengo discrepancias más o menos serias, pues creo que está mal que el señor Fujimori se quiera quedar más años en el poder.