La batalla de los diques, muy debilitados, contra la crecida del río Oder, continuaba ayer en las regiones fronterizas de Alemania y de Polonia, donde la presión del agua aumentó, a pesar de un nivel estable.

Todo el día, en ambas orillas, los socorristas siguieron reforzando los diques con millones de bolsas de arena, colocados por cadenas humanas, en regiones que están más que nunca en alerta máxima.
En el caso de Alemania, la situación es grave en la región de Oderbruch, particularmente expuesta porque se encuentra en gran parte por debajo del nivel del río. A finales de la tarde, la movilización general fue decretada en el sector norte de la llanura, cerca del pueblo de Hohenwutzen, pues un dique, impregnado de agua, amenaza con romperse.
"Sólo existe un 10% de probabilidades de que resista", estimaba un responsable regional.
Se dio la orden de evacuar a los 650 habitantes todavía presentes en esta región, mientras 4.500 soldados, socorristas y voluntarios seguían reforzando los diques con sacos de arena.
En casi todos los lugares, estas obras, a veces construidas por especialistas holandeses en el siglo XVIII, se debilitan cada día más pues están sometidas a una presión enorme del agua (hasta seis toneladas por metro cuadrado).
En Polonia, el peligro seguía siendo muy grande ayer en Slubice, ciudad de 18.000 habitantes, que fue evacuada casi en su totalidad. El nivel del agua seguía a 6,21 metros, dos metros y medio por encima de la franja de alerta, indicó una fuente oficial.
Una segunda crecida del Oder, con retraso respecto a las primeras previsiones, debería alcanzar la ciudad en la noche, pero el nivel del río sólo debería subir unos 5 ó 10 cm.
Posible ruptura
Sin embargo, los diques, impregnados de agua, podrían romperse en cualquier momento. El suelo está tan saturado, que el agua llega por debajo, por los pozos de las cañerías.
El ministro polaco de Finanzas, Marek Belka, estimó ayer que Polonia deberá crear un "impuesto de inundación" del 1% de los salarios brutos para poder enfrentarse con los daños causados por esta catástrofe sin precedentes. Los organismos de seguros occidentales estimaron que los perjuicios se elevaban a 3.000 millones de dólares.
En Bruselas, la Comisión Europea aprobó ayer una ayuda de 1,5 millones de ecus (un ecu = 1,07 dólares) para las zonas afectadas en Alemania y decidió reorientar rápidamente 44 millones de ecus de ayudas regionales.
Por otra parte, en la Républica Checa, después del levantamiento del estado de alerta en Breclav (Moravia), último distrito amenazado, las autoridades enfrentan ahora la difícil tarea de reparar los daños e indemnizar a decenas de miles de damnificados, tras las dramáticas inundaciones de julio, la peor catástrofe en el último siglo, que dejó 50 muertos.