Las restricciones aduaneras que El Salvador impuso a la importación de carne de Nicaragua, tras haber hecho lo mismo con los quesos de Panamá, ponen de nuevo en la mesa de la discusión el asunto de si esas barreras ponen un freno a la integración regional.
Para funcionarios relacionados con el proceso de negociación del istmo, esos conflictos son normales y no ponen en duda los avances comerciales de la zona; en el sector privado no existe tanto acuerdo con esa tesis.

Ernesto Leal, secretario del Sistema de Integración Centroamericana (SIECA), consideró que este tipo de crisis puede seguir ocurriendo y son propias del proceso de integración.
Tras destacar que, desde 1990, el comercio intrarregional creció en más de $1.000 millones, Leal manifestó que las tensiones actuales no tienen porqué preocupar, sino que más bien hay que verles su aspecto positivo.
Según Laura Rodríguez, directora de Integración Económica de Costa Rica, los problemas recientes y otros que se han dado en el pasado no son un escollo en la unión comercial del istmo; son reflejo de intereses específicos de algunos sectores, principalmente el agrícola, agregó.
En el caso de El Salvador y Panamá, el reciente conflicto se sustenta en una tesis salvadoreña de que la nación del sur no respeta una disposición establecida en el tratado de 1972 en cuanto a que los quesos deben contar con un 30 por ciento de materia prima centroamericana.
Por esa razón, impuso -desde el 15 de febrero- el cierre de la frontera a los quesos panameños. Panamá, en respuesta, amenazó con hacer lo propio.
En el caso del otro conflicto, El Salvador suspendió el ingreso libre de aranceles de carnes enlatadas de Nicaragua; alegó que no cumplen con los requisitos sanitarios establecidos en el tratado bilateral.
Sectores se imponen
Según Rodríguez, el conflicto de El Salvador y Panamá fue similar a uno ocurrido recientemente aquí, ocurrido cuando el Ministro de Agricultura y Ganadería (MAG) cerró los permisos a la importación de quesos del vecino país del sur por impugnar las normas de origen. En ese caso, añadió, eran obvias las intenciones del sector privado por mantener el proteccionismo.
El problema, dijo, es que no se siguen los instrumentos y convenios existentes para resolver los diferendos, sino que se acude en primera instancia al cierre de fronteras.
"No son problemas de integración, son conflictos normales del comercio originado por no tomar las medidas que corresponden con los instrumentos que se tienen", comentó.
Sin embargo, para Marco Vinicio Ruiz, presidente de la Cámara de Industrias, también en esos instrumentos hay problemas.
"Si una comisión designada para ese fin analizar el problema no sería fácil que un ministro impusiera una barrera", manifestó. En su criterio los tratados bilaterales centroamericanos tienen instrumentos antiguos para resolver conflictos y es urgente su modernización.
Concordó, además, en que las presiones de ciertos grupos impulsan estas medidas, sobre todo en el sector agrícola, donde el comercio centroamericano es casi inexistente.
La situación creada por las recientes restricciones salvadoreñas amenaza a un intercambio comercial intrarregional que sobrepasa los $3.000 millones anuales, advirtió el presidente de la Asociación Salvadoreña de Industriales, Jorge Arriaza.
Señaló que los industriales salvadoreños saldrán perjudicados si Panamá, Nicaragua y otros países del área adoptan medidas recíprocas contra las reestricciones aduaneras que está aplicando El Salvador.
Añadió que Calderón Sol debería considerar si es realista establecer medidas de protección al sector agropecuario local a cambio de arriesgar la exportación de otros productos hacia los países de la región.
Sin embargo, se mostró partidario de "renegociar" el tratado bilateral con Panamá que aseguró no favorece a El Salvador.
- Los últimos problemas
La norma establece que los quesos deben contar con un 30 por ciento de materia primera centroamericana como mínimo; según El Salvador eso no se estaba cumpliendo.
Luis Barraza, expresidente del Sindicato de Industriales de Panamá, pidió la intervención del mandatario Ernesto Pérez Balladares para evitar que se consumara la medida salvadoreña, que representa pérdidas por $700.000 anuales para los productores locales.
La posición de Barraza fue respaldada por el ministro de Desarrollo Agropecuario de Panamá, Carlos Sousa Lenox, quien advirtió que si El Salvador no desiste de las restricciones al ingreso de quesos procedentes de este país, "Panamá tendría que imponer una reciprocidad".
Los primeros mandatarios también tuvieron que intervenir en otro conflicto, hace dos semanas.
El Salvador suspendió el ingreso libre de aranceles de las carnes enlatadas de Nicaragua porque supuestamente no cumplían con los requisitos sanitarios establecidos en un tratado bilateral.
El diferendo fue solventado transitoriamente mediante una conversación telefónica entre los presidentes Arnoldo Alemán, de Nicaragua, y Armando Calderón Sol, de El Salvador, "pero las dificultades continúan", indicaron los exportadores nicaragüenses.
Según el presidente de la Asociación Salvadoreña de Industriales, Jorge Arriaza, los industriales salvadoreños saldrán perjudicados si Panamá, Nicaragua y otros países del área adoptan medidas recíprocas contra las reestricciones aduaneras que está aplicando El Salvador.
Añadió que Calderón Sol debería considerar si es realista establecer medidas de protección al sector agropecuario local a cambio de arriesgar la exportación de otros productos hacia los países de la región.
Sin embargo, se mostró partidario de "renegociar" el tratado bilateral con Panamá que -aseguró- no favorece a El Salvador.