El actor español Antonio Banderas concentró la atención del 46 Festival Internacional de Cine de San Sebastián al quitarse el antifaz de Zorro para confesarse frente a cámaras y micrófonos, sin tener a su lado a Melanie Griffith, que está en Canadá promoviendo su últma película.
"Vengo sin antifaz, a cara descubierta", afirmó.
Banderas recordó que hace 16 años llegó por primera vez a San Sebastián para presentar su primera película, Laberinto de pasiones, mostrándose muy satisfecho de su último filme, en el que se le ve luchando en tierras mejicanas contra la tiranía de los españoles que gobiernan Alta California, una zona rica en oro.
"Me siento muy a gusto aquí; siempre me he sentido a gusto en San Sebastián, pues me hace recordar mis comienzos", señaló antes de subrayar que hace algunos años filmó dos películas en el País Vasco.
Para convertirse en El Zorro, el actor malagueño debió trabajar con el profesor de esgrima Bob Anderson, que antaño enseñó el arte del esgrima nada menos que a Errol Flint, en 1952, uno de los mejores "sables" del celuloide.
Tras confesar que en Estados Unidos ha rechazado unos 10 papeles que le han ofrecido, Banderas dijo que "un guión como el del Zorro es irrechazable", por tratarse de un clásico de los años 20, una joya de la historia del cine.
"Espadas, caballos, sudor, una buena pieza épica", así resume Banderas las peripecias vividas en el Zorro .
Antonio Banderas fue el encargado de poner en manos de Anthony Hopkins el Premio Donostia-Europeo, galardón con que el Festival rendirá homenaje a la prolongada carrera del galés, a quien el español considera como "uno de los mejores actores de la historia".
"Él resume la tendencia del actor moderno a la economía de sentimiento, a la economía de movimiento, al contrario de Al Pacino, o de Robert de Niro, que usan mucho su cuerpo y sus manos para expresarse", añadió.
"Es un placer haber rodado con un actor de esta categoría", afirmó Banderas.