El domingo, El Tobogán brilló como no lo hacía desde hace muchos años. El emblemático salón de barrio Tournón cerró sus puertas tal y como las abrió en la década de los setenta: a pista llena, tanto que no cabía ni un alma más, pese a ser de los locales del país catalogados como de los más espaciosos para bailar.
Aunque la nostalgia se respiraba por doquier y se colaba por las ventanas, que como siempre permanecían abiertas, los asistentes, empleados y orquestas le pusieron el candado al lugar con cornetas, confeti y, por supuesto, buena salsa, cumbia, merengue y boleros.
Por las ventanas, se podía ver –a lo lejos– el que fuera el tobogán más popular de Costa Rica, inaugurado en 1975 y situado en el patio del lugar. Aquel tobogán que le dio nombre al salón yace herrumbrado y consumido entre el zacate, al lado de una piscina abandonada.
Desde antes de las 4 p. m., hora en que estaba previsto que comenzara el bailongo, comenzó a llegar la fiel clientela del establecimiento, mayoritariamente, personas que sobrepasaban los 40 años.
Algunos, sobre todo las mujeres, aprovecharon las celebraciones de Halloween para sacar del ropero sus disfraces. Se vio a damas vestidas de brujas, así como a otras con antenitas y pelucas.
Ya para cuando los bailarines habían calentado, comenzó a salpicar la buena salsa.
La orquesta agradeció a su público, a quien se refirió como sus amigos de siempre, el estar acompañándolos ese día.
La Internacional Sonora Show recordó que le ha tocado presentarse en el cierre de dos emblemáticos salones de baile costarricenses: Los Higuerones primero y El Tobogán, ahora.
Mientras tanto, en las sillas, muchas señoras sorteaban el bochorno de una tarde lluviosa con sus abanicos, al tiempo que eran cortejadas por galantes señores que se acercaban a sacarlas a bailar.
Los boleros fueron aprovechados por las parejas, entre las que había más de un matrimonio, para bailar románticamente.
Toda la noche, el baile y la música se mezclaron con el suculento olor a comida que salía de la cocina. Durante las cuatro horas que duró el fiestón, los 25 empleados estuvieron muy atareados, yendo y viniendo con bebidas, chifrijos, pollo rostizado y papas fritas.
La orquesta aprovechó su presentación para enviar sus buenos deseos a uno de los personajes emblemáticos de El Tobogán:
Vestidos elegantemente, de traje negro con corbatas oscuras, la orquesta comenzó su despedida con melancólicos boleros.
Su cantante, Mario Moreno, expresó la melancolía que le producía dejar el lugar y aprovechó para subir al escenario a Gustavo Lora, quien fuera el propietario y fundador de este recinto.
Él fue recibido por su clientela con una lluvia de aplausos. Tras agradecerle tantos años de lealtad y de bailes, Lora se sentó a tocar las tumbas junto a La Tropicana.
Cantaron temas como
En los escasos momentos en que la música dejó de sonar, los bailarines aprovechaban para acercarse a las mesas a saludar y a tratar de fijar un lugar en el que irán a bailar, de ahora en adelante.
“Me produce mucha nostalgia que cierren El Tobogán. Desde hace 10 años venía a bailar todos los domingos. Aquí siempre me encontraba amigas para bailar, ahora nos tenemos que poner de acuerdo para ver adónde vamos a ir los domingos. Están invitando mucho al Club Cubano (en Escazú) o nos reuniremos en las casas”, expresó José Francisco Garro, de 73 años.
“Tengo 20 años de bailar los fines de semana. Después de que se cerró (el salón) Los Higuerones comencé a venir aquí”, añadió el vecino de Zapote.
Desde una de las mesas del salón, cercanas a la cocina, recorría el salón con una mirada nostálgica Gustavo Lora.
“Son 42 años de historia, desde que comenzó la construcción de El Tobogán (el lugar abrió sus puertas hace 35 años), cuando esto apenas era un zacatal”, recordó Lora.
“Esto no solo fue un salón de baile, sino también la casa de muchos expresidentes de la República, que acostumbraban organizar sus fiestas aquí. Aquí tuve la oportunidad de conocer al expresidente
De hecho, rememoró que su primer sueldo se lo ganó, precisamente, bailando en Estados Unidos. “Siempre fui amante de la música cubana. Eso me motivó a abrir El Tobogán”, añadió.
El fundador del establecimiento comentó que este fin de semana fue muy bueno para el salón, según dijo, como no lo era desde hace mucho tiempo. Aseguró que solo el sábado asistieron 500 personas, cuando lo normal es que vayan 250.
Con una pista que no se vació hasta el último minuto y con la clara invitación a seguir bailando en otro salón, cerró sus puertas el emblemático El Tobogán.
Al terminar, con las últimas gotas de sudor cayendo por la frente y espalda de los bailarines, el sentimiento de tristeza siempre embargó la pista de baile.