Las probabilidades de que su hijo sufra por una diarrea aumentan durante estos días. Según el Hospital Nacional de Niños, existe un incremento de los casos y esa situación alerta sobre la presencia de más virus moviéndose en el ambiente.
"Entre enero y diciembre hay un incremento de los casos, no sabemos exactamente la causa, pero coincide con el cambio de estación de invierno a verano", comentó la pediatra Isabel Hidalgo, del servicio de Consulta Externa de ese centro médico.
Mientras que en noviembre ese centro médico atendió a unos 400 menores, en diciembre la cifra pasó a 500, y para el 14 de enero ya se habían reportado 209 casos.
Aunque esas infecciones intestinales se generan por diferentes causas, como parásitos, bacterias, e intoxicación por alimentos, entre otros, la mayoría de los cuadros son provocados por virus.
"El principal es el rotavirus y puede provocar cuadros muy severos", comentó la especialista.
Explicó que el rotavirus es de fácil contagio porque sigue el mecanismo ano-mano-boca, o sea, sale por el excremento, contamina las manos, y llega a los alimentos que se consumen.
Cuando se produce el contagio, pueden pasar entre uno y tres días para que dé inicio la diarrea. Los cuadros más severos aparecen en los niños menores de dos años y en los adultos mayores.
Y no es extraño que sufran, en forma simultánea, todos las manifestaciones del mal: vómito, fiebre, deposiciones líquidas más frecuentes o abundantes, dolor, y distención abdominal.
Es normal que el menor pase con esos síntomas entre tres y siete días incluso catorce. "Si la enfermedad dura más tiempo hay que consultar al médico. También se debe buscar ayuda si las deposiciones o los vómitos no paran, si el niño tiene dolor abdominal permanente o si existe alguna alteración del estado de conciencia", aconsejó la doctora.
A tomar mucho líquido
Un gran riesgo de la diarrea es que su hijo se deshidrate al punto de tener que acudir al hospital.
Usted debe evitar a toda costa que eso suceda, suministrando muchos líquidos al menor (Vea recuadro aparte).
Si su hijo se deshidrata, entonces, debe acudir de inmediato al médico. Las señales de alerta son: mollera hundida, piel seca, ojos hundidos, llanto sin lágrimas, boca seca con escasa saliva o saliva pegajosa, y disminución o ausencia de la orina.