LAS PASIONES EN CAMELOT. Este es un lugar mágico, y el cine muchas veces ha enriquecido sus imágenes con las aventuras y amores del rey Arturo, de su amigo Lancelot y de la mujer amada por ambos: Ginebra. Ahora estos personajes vuelven a la pantalla grande, pero la trama es distinta.
Estamos hablando de la película Rey Arturo (2004), dirigida por el afroestadounidense Antoine Fuqua y con un elenco que enciende pocas luces en los neones: Clive Owen es el rey Arturo, Ioan Gruffudd es Láncelot y Keira Knightley es Ginebra. ¡Lástima!, pero este filme prefiere despojarse del sortilegio de la quimera y se nos presenta como "la verdadera historia que inspiró la leyenda".
En primer lugar, es dudoso que esta sea "la historia verdadera". Segundo: si la es, se nos muestra menos apasionante que la leyenda. Lo cierto es que siempre es más seductora la leyenda presente en cualquier historia, que la historia habida en la leyenda. ¿No creen? El mito que hemos conocido, recogido por trovadores, ese mito solo busca dignificar la consolidación del reino nacional británico.
Los trovadores nos legaron la difusión de la leyenda de Arturo, allá por el siglo sexto. El mito ha crecido con desmentidos, por un lado, y con más imaginación por otro. La película que ahora comentamos se sustrae de la fantasía y del ensueño poético. No hay mayor hechizo alrededor de la espada Excálibur, ni de la Mesa Redonda, ni se habla de la generosa búsqueda del Santo Grial.
La película renuncia (¡por todos los dioses!) al triángulo amoroso entre Arturo, su reina Ginebra y el mejor amigo del rey: el valiente caballero Láncelot. Cierto que sí recupera la presencia gentil y bizarra de algunos otros caballeros de la Mesa Redonda, como Gálahad, Gawáin y Tristán.
Tampoco hay noticia de las traiciones de Morgana. Por su parte, la presencia de Merlín, el mago, es aquí la de un montañés inexpresivo que dirige ejércitos rústicos y valientes (los woads). ¡Ah, caray!, diría cualquiera.
De ahí en adelante tan solo sobresalen los combates, donde destaca Ginebra con pinta amazónica. Son batallas bien filmadas en escenarios naturales espléndidos: hay una en un río congelado que resulta impactante.
También hay momentos humanos bien conjugados, como la reacción de los caballeros artúricos ante la obtención de su libertad, dada por el imperio romano. Esta secuencia es también el mejor momento de los actores. O aquella otra, cuando esos caballeros deben decidir si se separan o no para siempre.
Ya ven, es preferible la historia de las búsquedas del Santo Grial: son relatos que hacen eterna la memoria del rey Arturo y de sus generosos caballeros.
Cómo, cuándo, dónde...:
Qué: Rey Arturo se exhibe en Cinépolis, Cinemark y CCM
Entrada: De ¢1.000 a ¢1.500, según la sala. Precio especial para pensionados y en funciones de la tarde.
Horario: Funciones regulares.
Estreno: Viernes 27.