El mundo moderno ha traído muchos afeites para que todo luzca mejor, desde los rostros hasta la comida Ðy la repostería no se queda fuera de esoÐ.
Centrándonos en esta última, si usted, por ejemplo, pone un poquito de esto o de lo otro, aquel "cangrejo" o croissant que se veía algo escuálido, lucirá gordito y lleno de vida; o, si le echamos algo a esa crema pastelera, tendremos una más espesa. De eso conoce bastante Jol Siure, el chef francés que ofrece sus delicias en las pastelería Boudsocq, un rincón galo que funciona desde hace ya veinte años en nuestro Paseo Colón.
Jol considera esos trucos casi como sacrilegios, y afirma que, con ellos, si bien es cierto que la repostería luce mejor pinta, nunca sabe mejor. Por el contrario ÐdiceÐ, pierde ese exquisito gusto que tiene todo aquello que nos parece salido de las cocinas caseras.
Por esa razón, él se ha empeñado en mantener inalterables las más tradicionales recetas pasteleras francesas, algo que convierte sus productos casi en artesanías. El mismo Jol asegura que ya ni en Francia se disfruta de muchos de los bocadillos que sí podemos encontrar aquí, en su negocio.
Este pastelero vino hace ya mucho de Francia; aquí conoció a Celina y con ella se casó. Entre ambos manejan Boudsocq, un pequeño pero cálido lugar donde representa un gran gusto tomar café acompañado de repostería dulce o salada. Ella atiende las visitas; él, la cocina.
Ahora que cumplen dos décadas de estar en esto, decidieron hacer el rinconcito más grande. Ahora pueden acomodarse allí unas 24 personas (el doble que antes), y además ya no solo se puede ir a "cafetearse", sino que están abriendo desde bien temprano para el desayuno. A la hora de almuerzo ofrecen una especie de plato del día, pero con gusto francés.
Aparte de esas novedades, en Boudsocq, la repostería vale por todo lo demás porque en verdad es buena. Y eso hace a la gente seguidora de las tentaciones que allí se ofrecen. Según nos cuenta Jol, aunque él procura introducir opciones, los clientes se apegan a lo que les han dado desde los inicios; es decir, a sus "artesanías".
¿Y qué es lo que este pastelero hace tan bien para que se lo pidan tanto? Bueno, Jol asegura que un cocinero francés no puede existir sin la mantequilla, y él no es la excepción. Su repostería es una muestra de eso. Si hablamos de lo dulce, en Boudsocq usted encontrará muchas cosas ricas de chocolate, caramelo, moka, café, crema y ron. Con esto hacen rellenos o lustres para los eclairs, choux, sables, milhojas, cachos y suspiros. Si nos pasamos al tema salado, están los francecísimos quiches (pizzas pequeñas) de jamón y queso, espinacas, hongos, cebolla, palmito y tomate; las empanadas, los también muy tradicionales croissants, canastas, canapés, arrollados y más.
Además, allí se elabora el legítimo pan francés con concha gruesa y tostada, el cual usted puede pedir que se lo rellenen a su gusto, para compartirlo entre varios.
Claro está que es imposible acompañar con un mal café cualquiera de esas cosas, por lo que los dueños se preocupan de que sea del mejor, de exportación, y tienen hasta infusiones de hierbas especiales.
En fin, esta pastelería francesa es un sitio con esos detalles que se guardan como buenos y dulces recuerdos, y que nos crean el hábito de visitarla más de una vez.