Por Rocío Ayuso
Los Angeles (EEUU), 11 ago (EFE).- La banda amarilla de la fundación contra el cáncer impulsada por Lance Armstrong se ha convertido en un fenómeno mundial, con más de ocho millones de personas que la llevan, entre ellos famosos y dirigentes políticos.
Es una muestra de amistad y solidaridad que, desde que salió al mercado el pasado mayo, ha hecho del amarillo el color de la esperanza para los sobrevivientes del cáncer como el propio ciclista estadounidense Armstrong.
La pulsera de silicona color amarillo, que se vende por un dólar, lleva grabadas las palabras "livestrong", un eslogan que desea promover la idea de "vivir con fuerza".
Un objeto sencillo para hombres y mujeres y al que han respondido por igual las estrellas, los políticos o la gente de la calle.
Una liga que une a los actores Angelina Jolie, Lindsay Lohan, Ben Stiller o Bruce Willis, además de amigos personales del ciclista como Robin Williams.
También destaca en las muñecas de Matt Damon y de su novia, Luciana Barroso o del cantante Bono.
Incluso, el candidato demócrata a la presidencia de EEUU, John Kerry, llevaba una en el discurso que dio durante la conferencia de su partido cuando aceptó su candidatura.
Ese es el espíritu que Armstrong, de 32 años, desea promover con su pulsera, un recordatorio constante de que el cáncer es una lucha de la que se puede salir victorioso y con fuerza.
"Para Lance, el amarillo es el color de la esperanza, la inspiración y la perseverancia", asegura Britney Puryear, la portavoz de la "Fundación Lance Armstrong", promotora de las pulseras.
Armstrong fue diagnosticado con cáncer en un testículo hace ocho años, y desde entonces, no sólo venció la enfermedad sino que ha tenido tres hijos y ha conseguido el maillot amarillo del Tour de Francia en seis ocasiones consecutivas, un récord en la historia de la pruebas por etapas más importante del ciclismo.
Kerry también fue operado en 2003 de un cáncer de próstata y ahora aspira a la Casa Blanca.
"Los que padecen cáncer deben de tener todo el apoyo para luchar duro, soñar sin límites y vivir con fuerza", afirma Armstrong desde la página de internet dedicada a su fundación, www.laf.org.
Un sueño en el que no hace falta ser estrella ni el mejor ciclista ni aspirante a la presidencia estadounidense.
La fundación con sede en Austin (EEUU) recoge continuas muestras de nuevos portadores de la banda amarilla, rostros desconocidos de personas que se han unido en este pequeño gesto de solidaridad para dar ánimos a los que sobrevivieron el cáncer o recordar a los que murieron.
Ese es el deseo de Bill Rancic, del concurso televisivo "The Apprentice", que luce la pulsera en recuerdo de su padre, víctima del cáncer.
Jason Lewis, el guapo de la serie "Sex & the City", lleva la misma banda emulando a Lance y a sus victorias. "Si algún día tengo un hijo quiero que crezca para ser como Lance", declaró con admiración.
"Sean o no famosos, la gente se está identificando con esta idea", añade la portavoz Puryear.
Una moda que avanza tan rápido que la fundación o la casa Nike, patrocinadora de las pulseras, no pueden dar abasto.
Tanto las tiendas Niketown o las deportivas, en sus principales puntos de venta, las agotan en menos de una hora de recibirlas.
Y en internet la propia fundación las vende en lotes de hasta 1.200 para que "vistas y compartas" este gesto de esperanza.
Hasta el momento, las pulseras han ayudado a recaudar más de ocho millones de dólares para la fundación, que espera seguir aumentando sus ingresos para apoyar la lucha contra el cáncer.
"Es un símbolo de victoria, fuerza y superación, todo lo que un superviviente de cáncer necesita no sólo para salir con vida, sino para seguir siendo una persona", admite Octavio Zavala, al frente de un programa dedicado a estudiar el impacto del cáncer en los jóvenes y que cuenta con el apoyo de la fundación Armstrong.
Un impacto que también deja huella en la política, donde la imagen de Kerry con la pulsera amarilla hizo que su rival en las urnas, el presidente George W. Bush, recordara en público que él también es parte de la liga que luce el amarillo esperanza. EFE
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