El potencial destructivo de ese delicado material pone los pelos de punta a cualquiera.
Hay todo tipo de armas, desde pistolas y revólveres hasta lanzacohetes, así como bombas y diverso material bélico decomisado en distintos puntos del país a lo largo de los últimos 30 años a exguerrilleros y narcotraficantes.
Pero no crea que todo está almacenado en un inexpugnable edificio, con gruesas y altas paredes de hormigón, rodeado de vallas eléctricas, en un sector montañoso de acceso restringido. No.
El llamado Arsenal Nacional está ubicado en un deteriorado edificio en la comunidad de Dulce Nombre, cantón de Vázquez de Coronado, San José.
Se encuentra a un costado del Instituto Clodomiro Picado, frente a varias viviendas y a solo 200 metros de una escuela pública.
Los vecinos más cercanos dicen saber que viven junto a “una bomba de tiempo” y nunca nadie les ha dicho qué hacer en caso de una emergencia.
Otros, pese al riesgo, dicen estar tranquilos porque “nunca ha pasado nada malo y por lo menos se ve un policía en la casetilla de entrada de noche y de día”.
La Cruz Roja local tampoco cuenta con planes concretos de acción en caso de registrarse algún tipo de incidente en el Arsenal.
“No tenemos nada y la verdad es que sería bueno pensarlo...”, dijo la socorrista Alicia Rodríguez.
Vecinos como Carlos Obando Rojas, quien vive frente al edificio policial, aseguró que “en las madrugadas se oyen balaceras” y nadie nos ha dicho qué hacer si ocurre una explosión o algo peor”.
“Lo ideal sería que alguien se preocupara por mucha gente que podría verse afectada. Imagínese que hasta hay una escuela cerca del Arsenal”, señaló Obando.
Inseguridad y goteras. El edificio donde guardan armas y explosivos fue construido hace más de 40 años y buena parte de su techo se encuentra en pésimas condiciones.
“Hay muchas goteras, pero las armas no se mojan”, dijo ayer la ministra de Seguridad Pública, Janina del Vecchio.
Además, las instalaciones colindan con el Instituto Clodomiro Picado y un terreno baldío donde no hay muros ni mallas metálicas.
Aunque ese lote es propiedad de la Universidad de Costa Rica (UCR) y alguien colocó un rótulo según el cual “se prohíbe el ingreso”, cualquiera entra y sale porque no hay vigilancia en el lugar.
La entrada principal al Arsenal da a una transitada calle, por donde pasan vehículos y gran cantidad de escolares.
Además, pese a que almacenan material explosivo, aparte del armamento, junto a la casetilla de ingreso hay un teléfono público.
Hasta la semana anterior la vigilancia estaba a cargo de “unos pocos policías”, según vecinos.
Sin embargo, Del Vecchio aseguró: “Reforzaremos el personal para mejorar la seguridad”.
“No tenemos armas químicas y a las bombas se les quitaron los detonadores. Sí hay que mejorar algunas partes del edificio y buscaremos recursos para eso”, añadió.
Anunció que la vigilancia, a partir de esta semana, estará a cargo de unos 50 oficiales de la Unidad de Intervención Policial (UIP). “Gente con mucha experiencia”, dijo.