26 septiembre, 2010

En 1937 se celebraba la cita final de un certamen de cantantes aficionados, realizado en el hoy desaparecido Cine Capitolio, en el sur de San José. Entonces, Guillermo Sancho, con solo 15 años, pidió cantar sin el acompañamiento de las guitarras para valerse solo de su voz.

Ese recurso funcionó, y el joven talento se obtuvo el primer lugar, cuyo premio fueron paquetes de cigarrillos y algunas botellas de licor. En realidad, el premio era lo de menos; lo importante es que entonces se inició la carrera de un vocalista de tangos y boleros que haría época en Costa Rica.

Antes de la Segunda Guerra Mundial, el tango estaba arraigado en el país. En junio de 1935, Carlos Gardel había fallecido trágicamente en Medellín (Colombia), y las orquestas típicas argentinas se paseaban por el mundo con irrepetible suceso.

No era de extrañar que en Costa Rica se despertase una “fiebre” por esa música que venía del sur. Así surgieron grupos como el Cuadro Buenos Aires, el Conjunto San Lorenzo y el Conjunto Tucumán.

En el Cuadro Buenos Aires, la voz titular fue la de Francisco Paco Brenes; en el Conjunto San Lorenzo, el cantante fue Guillermo Sancho; en el conjunto Tucumán, la voz principal, de Marcel Macho Campos.

Esos grupos utilizaban la ropa típica de los gauchos para hacer más creíble su afinidad con la música argentina. En todos los intérpretes ticos predominaban las influencias de Carlos Gardel, Charlo, Agustín Magaldi y Alberto Gómez. Ya durante los años 50, las nuevas voces –de Julio Sosa, Roberto Goyeneche, Argentino Ledesma y Edmundo Rivero– darían otra connotación al tango.

Visita decisiva. La Orquesta Típica Argentina de Francisco Canaro pasó por Costa Rica y se presentó en el Teatro Raventós. En esa ocasión hizo contacto con el Cuadro Buenos Aires gracias a su representante, Adolfo Zingorelli Gallo, quien se desligó de la Orquesta Típica en México. Allá se acordó de aquel magnífico grupo costarricense y mandó por él para presentarlo en la capital mexicana.

Guillermo Sancho no viajó en ese grupo porque Paco Brenes era el cantante titular y no había cupo para otra persona; sin embargo, a los pocos meses llegó el pasaje, y Sancho se sumó a Ismael Murillo, Antonio Meléndez, Mario Chacón y al mismo Brenes. Allí se turnaban las interpretaciones y, además, hacían dúos.

En esa época, el Cuadro Buenos Aires sobrevivió a duras penas, pero lo estimulaba sus presentaciones en la famosa radioemisora XEW, al lado de Pedro Vargas, Alfonso Ortiz Tirado, Ramón Armengod, Genaro Salinas y Toña la Negra.

Esta última llevó el grupo a Veracruz para presentarlo en el Teatro Carrillo Puerto, donde ella actuaba acompañada del famoso conjunto Son Clave de Oro. Otro sitio de actuaciones en la Ciudad de México era el Centro Social El Patio, donde los ticos alternaban con Libertad Lamarque y el trío argentino Irusta, Fugazot y Demare.

Por esos días, el cantante Andrés Falgás abandonó la orquesta de Canaro, y Guillermo Sancho lo sustituyó en una ocasión en que ese grupo tocó en la embajada del Brasil en México. Sancho recibió la invitación de viajar con Canaro a Cuba y Puerto Rico, pero decidió quedarse con el Cuadro Buenos Aires.

La gira por México se extendió por un año. En alguna oportunidad, al guitarrista Antonio Meléndez lo bautizaron como la “Guitarra de América”.

El Cuadro hizo grabaciones para el sello Odeón, pero no llegaron a Costa Rica. Posteriormente se marchó a Guatemala y El Salvador, para retornar al país con un prestigio envidiable. Aquí hizo presentaciones en el Cine Palace, en el Teatro Raventós y en el Teatro Nacional.

Grabaciones inmortales. En 1954, el maestro Gilberto Murillo habló con Guillermo Sancho para que grabase dos boleros de su autoría: No puede ser y Luna en el estero. Para esto reforzó su orquesta con violines y otros instrumentos de la Orquesta Sinfónica Nacional, lo que al final produjo dos de las grabaciones más importantes de la música popular costarricense.

Tales registros se hicieron en la Sala Tassara, de barrio México. En este momento, Sancho ya había alcanzado la madurez de su voz y la consolidación de un estilo muy particular, propio de los crooners de aquella época.

Durante los años siguientes, Guillermo Sancho grabó temas con el acompañamiento de los guitarristas Meléndez y Murillo: Mientes, Contigo en la distancia, ¿Qué voy a hacer? y Pregonera (esta última con la participación del cantante Eduardo Rueda).

Con acompañamiento de órgano y ritmos, grabó Ven y Un instante. En diversas ocasiones actuó al lado del vocalista Gilberto Hernández, con el acompañamiento de las guitarras de Meléndez y Murillo y el acordeón de Anita Protti.

Por esos años, ya el bolero había desplazado al tango en el gusto popular y se avecinaba un cambio rotundo con el advenimiento del rock and roll. Sancho se retiró entonces definitivamente de la música.

Guillermo Sancho se incorporó a trabajar en la empresa Líneas Aéreas Costarricenses (LACSA), donde permaneció durante mucho tiempo. Contrajo matrimonio con Blanca Luz Mora Torres, hermana del compositor nacional Ricardo Mora. De esta unión nacieron tres hijos: Eugenia, Lilliam y Manuel.

Posteriormente se casó con María Teresa Vargas Segura, con quien procreó cuatro hijos: Ingrid, Scarlett, David y Laura. Actualmente reside en San Luis de Santo Domingo de Heredia. En fecha reciente cumplió 88 años.

EL AUTOR ES INVESTIGADOR MUSICAL Y DIRIGE UN PROGRAMA DE MÚSICA POPULAR QUE RADIO NACIONAL TRANSMITE LOS DOMINGOS A LAS 8 P. M.