Disfrutar del sol, el cielo azul, el mar y la montaña al mismo tiempo se puede hacer a 200 metros de altura en la costa de Caldera, en Puntarenas.
Esta posibilidad se hace realidad gracias a los viajes en parapente que ofrece la empresa Pura Vida, localizada a poco más de una hora de San José.
Este tour les ofrece a sus visitantes la oportunidad de ver desde arriba la infinidad del mar y las imponentes montañas.
Todo esto hace que los barcos y las personas se vean diminutos en comparación con la naturaleza.
Un parapente es un planeador ligero y flexible hecho con tela sintética. Su nombre reúne en una sola las palabras paracaídas y pendiente.
Los vuelos con este equipo se realizan generalmente desde una montaña. Desde ese punto, un piloto experimentado y un acompañante corren contra el viento para lanzarse a la conquista de las alturas y comenzar su recorrido por los aires.
Los vuelos sobre el distrito porteño tienen una duración aproximada de 25 minutos.
Cada viaje parte desde el voladero La Casita, ubicado en lo alto de una montaña.
La aventura de este viaje no se limita al momento de correr y volar.
En general, todo el recorrido puede convertirse en un desafío, pues antes de llegar a la entrada de La Casita, los visitantes deben atravesar un camino apto solo para vehículos de doble tracción, donde se atraviesan riachuelos y mucha vegetación propia del lugar.
Una vez que se llega a la entrada del voladero, los visitantes tienen que enfrentar un nuevo reto: una caminata de diez minutos que los lleva hasta su cumbre.
Para subir hasta el sitio hay que estar preparado. Una botella de agua, bloqueador solar, poco equipaje y zapatos deportivos hacen más confortable el tramo.
Una vez que se conquista la cima hay que armarse de paciencia, sobre todo si va acompañado de un grupo de amigos, pues la cantidad máxima de vuelos que se realizan simultáneamente es de cuatro.
José Eduardo Rodríguez, representante de Parapente Pura Vida, aseguró que quienes deseen tomar este tour no tienen que tener conocimientos en materia de vuelo; de hecho, solo son necesarias las ganas de lanzarse al vacío y, muy importante, vencer el miedo a las alturas.
En pares. Para la seguridad de todos, los recorridos no se hacen en forma solitaria. En el parapente viaja un guía capacitado que le explica a su pasajero las instrucciones clave para comenzar la experiencia.
Una vez en el aire, el piloto se encarga de que su compañero se sienta seguro, a tal punto de que se pueden tomar fotografías y hacer videos con toda tranquilidad.
Como si esto fuera poco, si usted lo desea puede sugerirle a su guía parte de los lugares por dónde quiere volar; incluso, las personas más arriesgadas pueden solicitar que realicen algunas maniobras en las que se alcanzan mayores velocidades y se experimenta mayor sensación de vacío.
Minutos antes de aterrizar, el instructor le explica con detalle la forma adecuada de colocar los pies para que no ocurra ningún accidente.
Hay que confesar que lo único “feo” de esta experiencia es que los 20 minutos en el cielo se van como agua entre las manos y cómo no: el tiempo se pasa volando.