Los Ángeles. La recuperación de parte de las estatuillas robadas pone fin al mal de ojo que parece afectar a la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas en esta 72 edición de los Óscar, hasta ahora la fecha más cargada de problemas que de celebraciones.
Donde año tras año figura la palabra gala, fiesta, honor o celebración acompañando al Óscar, en esta edición ha sido sustituida por "misterio".
Primero fue la misteriosa desaparición de más de 4.000 papeletas, entre los intentos de divulgar la lista de los candidatos antes de tiempo en la Internet y los intentos del The Wall Street Journal de publicar un sondeo con los nombres de los posibles ganadores.
Luego vino la misteriosa desaparición de las 55 estatuillas que se iban a utilizar en esta ceremonia y la aún más extraña aparición, anoche, de 53 de ellas en la basura de un supermercado del barrio coreano de Los Ángeles.
Tanto la policía como la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas han preferido la palabra robo a la de "misteriosa desaparición", y a pesar de la sorprendente reaparición de las estatuillas, todavía quedan muchos cabos por atar, entre ellos el paradero de dos de los Óscar.
"Si fuera un caso de recuperar los Óscar, no habría problema, pero esto es un robo y existe una investigación policial, por lo que hay que actuar con cautela", confirmó David Powers, de la policía de Los Angeles.
No se puede decir que la cautela haya dominado hasta el momento en un robo que parece sacado de un guión de Hollywood.
La Academia fue la primera en tomarse la situación con humor una vez robadas las estatuillas, bromeando sobre la posibilidad de "un triángulo de las Bermudas de los Óscar" en el que no sólo desaparecieron papeletas y galardones, sino que podría llegar a desaparecer el maestro de ceremonias Billy Crystal.
"No nos vamos a poner a llorar. Tampoco es el fin del mundo. No los necesitamos para esta ceremonia y está fuera de nuestras manos hacer algo al respecto", confesó el director de la gala, Bruce Davis, que ha solicitado nuevos galardones para el próximo 26 de marzo, día de la entrega.
Al parecer, en el momento del robo, las estatuillas no contaban con ninguna vigilancia especial. Estaban embaladas en cajas en las que no se indicaba su contenido.
Tampoco existió mucha cautela durante la aparición de estos objetos, localizados en la basura en la parte trasera de un supermercado, cuando Willie Fullgear, recogedor de cartones, se interesó por una caja para su futura mudanza, descubriendo en su interior 53 de las estatuillas en perfecto estado.
"Cuando la abría vi un Óscar. Todo el mundo sabe lo que es eso", señaló Fullgear, que primero se llevó las cajas a su casa y desde allí llamó no a la policía, sino a una emisora de televisión local que, una vez con las cámaras en el lugar, se puso en contacto con los investigadores.
"Tengo más Óscar que cualquier otra estrella", bromeó Fullgear, que podría recibir la recompensa de 50.000 dólares ofrecida por estas estatuillas.
Para una organización que se precia de su eficacia y estricto control, no sólo durante la ceremonia sino sobre el uso de la palabra Óscar y su imagen durante todo el año, el misterio de este caso parece una mezcla entre una conspiración, mal de ojo, mala suerte o la mejor campaña publicitaria hasta la fecha.
Davis rechazó cualquiera de estas posibilidades, aunque tuvo que reconocer que está siendo la edición más extraña de las celebradas.
"Veremos si mejora la audiencia y, si es así, secuestraremos directamente el próximo envío", bromeó el director de una ceremonia que se retransmite a 164 países.
Edición periodística: Adriana Quirós Robinson, La Nación Digital. Fuente: agencias.