Washington . El logro del mapa del genoma humano, paso clave para la conversión de nuestros genes en un libro abierto, se anunció hoy en todo el mundo con alborozo de gobiernos y empresas y preocupación de los que se preguntan quiénes serán los "lectores".
El avance anunciado oficialmente hoy, que según los expertos marca un éxito evolutivo para la especie humana comparable a la invención de la rueda, trae consigo "enormes posibilidades y enormes peligros", advirtió el primer ministro británico, Tony Blair.
Tras diez años de investigación y unos 2.000 millones de dólares de inversión, científicos británicos y estadounidenses confirmaron que se ha descifrado casi por entero el código genético humano, del cual el 85 por ciento se ha secuenciado de manera precisa.
El genoma es, básicamente, una lista completa de los códigos que son necesarios para crear un ser humano, y su mapa es considerado una especie de panacea universal que posibilita nuevos tratamientos para múltiples males y enfermedades, entre ellas varias hasta ahora incurables o hereditarias.
Científicos de dieciséis laboratorios de seis países (EEUU, Reino Unido, Francia, Alemania, Japón y China) han participado en el Proyecto Genoma Humano, de modo paralelo a la labor de la empresa privada Celera Genomics.
El primer borrador del genoma humano cambiará la historia de la medicina, coincidieron en destacar en una rueda de prensa vía satélite Blair y el presidente estadounidense, Bill Clinton, en compañía de Francis Collins, responsable de la iniciativa pública Proyecto Genoma Humano, y Craig Venter, presidente de Celera Genomics.
Aún no está claro en qué modo los científicos de todo el mundo accederán a la información conseguida, aunque parece ser que habrá una parte fundamental de libre acceso y otra que ambas partes podrán ofrecer mediante sus propios bancos de datos.
El de la iniciativa pública, GenBank, ofrece de modo gratuito sus contenidos por Internet.
Celera, mientras, comercializa sus descubrimientos con precios reducidos para los institutos de investigación, pero con costes de entre cinco y quince millones de dólares para las compañías farmacéuticas, que han sido las primeras en intentar aplicar los nuevos conocimientos.
Pese a su optimismo, Blair subrayó hoy la necesidad de que los datos obtenidos "se empleen para el bien común".
Sin embargo, múltiples sectores son escépticos sobre esas buenas intenciones, tanto sobre la supuesta universalidad de este éxito científico como por el uso que se le dará, ante la clara posibilidad de aplicarlo con fines eugenésicos.
El recelo se funda en lo ocurrido incluso en países de historial tan impoluto como Suecia -hace tres años reconoció la esterilización forzosa de 62.000 personas entre 1934 y 1976 con fines de depuración racial- o EEUU, donde el pasado diciembre se supo la muerte de un joven en experimentos genéticos y en 1998 la Universidad de California propuso ensayos con fetos en el embarazo.
Por otro lado, la culminación del proyecto sobre el genoma humano tiene aún por delante al menos dos años de tarea, en la que los expertos completarán el borrador final del mapa.
Ese borrador determinará el orden exacto de los 3.000 millones de pares de bases de nucleótidos que conforman la espiral del ácido desoxirribonucleico (ADN) humano y conocer el número exacto de genes que actúan en el organismo humano, que se calculan entre 60.000 y 100.000.
Entre esos miles de millones de datos, los científicos han encontrado que el 99,8 por ciento son idénticos para todos los seres humanos: la variación entre una persona y otra es de sólo el 0,2 por ciento.
"Nadie debería considerar inferior a otra persona a causa de su herencia genética. Es una extensión de los derechos humanos", según John Sulston, director del laboratorio Sanger Centre de Cambridge, uno de los participantes en el proyecto.
Asimismo, en el mundo científico se destaca que "los hombres son algo más que genes".
El 98 por ciento de los genes de los chimpancés, por ejemplo, son idénticos a los de los humanos, pero nadie duda de que un mono y una persona son diferentes, indica Steven Rose, director del Grupo de Investigación del Comportamiento y la Mente de la Universidad a Distancia británica, que pide cautela ante el entusiasmo despertado por el hallazgo.
Edición periodística: Adriana Quirós Robinson, La Nación Digital. Fuente: agencias.