Buenos Aires. ¿Qué haría usted si un día le informaran que su cuerpo ha sido invadido por millones de moléculas ávidas por "oxidar" sus células, en un proceso capaz de hacerlas envejecer a ritmo acelerado?
No necesita correr a ver a su médico: esto sucede diariamente en su cuerpo, el cual, por suerte, posee herramientas para combatir este "ataque" natural.
Las moléculas en cuestión no son otras que los "radicales libres", a los que muchos han oído nombrar pero que no todos saben cómo actúan.
Los radicales libres se relacionan directamente con el proceso de envejecimiento de las células; que multiplicadas por millones constituyen al ser humano.
El daño causado por los radicales libres ocurre a nivel atómico.
Las moléculas están conformadas por átomos, partículas compuestas por protones, neutrones y electrones; estos últimos siempre se encuentran de a pares.
Sin embargo, cuando las moléculas de oxígeno participan en una reacción química pueden perder un electrón y con ello su estabilidad, convirtiéndose en los denominados radicales libres.
Estas moléculas intentan recuperar el electrón faltante "robándolo" a otras moléculas estables, las cuales a su vez repiten el proceso provocando un daño en cadena en las células que puede llegar desde el deterioro o destrucción de su membrana hasta la modificación de su información genética; esto último puede derivar en un cáncer, enfermedades cardiovasculares u otras afecciones peligrosas.
Los radicales libres no son intrínsecamente malos; de hecho, el cuerpo los fabrica en cantidades moderadas para luchar contra bacterias y virus, y son neutralizados fácilmente por nuestro propio sistema.
Es el exceso sostenido en el tiempo de radicales libres el que se torna peligroso.
Esto se produce mayormente por factores externos como la contaminación atmosférica, el humo del tabaco, los herbicidas, pesticidas o ciertas grasas, así como por la radiación ultravioleta, es decir, la exposición solar de la piel sin protección adecuada.
En la vida moderna, también el estrés se ha comprobado como un factor que puede llegar a acelerar la oxidación celular, así como también la sobrecarga de entrenamiento en los deportistas de alto rendimiento.
Los soldados
Para combatir estas "agresiones" el organismo produce determinadas enzimas y recurre a una serie de nutrientes que forman parte de la dieta habitual de las personas, los cuales actúan liberando electrones sin comprometer su propia estabilidad electroquímica: los antioxidantes.
Los nutrientes antioxidantes están compuestos por vitaminas, minerales, colorantes naturales y otros compuestos de vegetales.
Los antioxidantes por excelencia son la vitamina C (que se encuentra por ejemplo en frutas y verduras frescas como el tomate, cítricos, kiwi, melón, col y hortalizas en general), la vitamina E (aceite de germen de trigo, oliva o soja, germen de cereales o cereales de grano entero, vegetales de hoja verde y frutos secos) y el Beta-caroteno o "provitamina A" (zanahoria, espinacas, calabaza, cerezas, melón), así como los minerales selenio (carnes, pescados, cereales, huevos, frutas y verduras) y zinc (carnes y vísceras, pescados, huevos, cereales completos y legumbres).
Entre los colorantes naturales que actúan neutralizando los radicales libres están los flavonoides (presentes la familia de las coles, verduras de hoja verde, frutas rojas y moradas y cítricos) y el ácido alfa-lipoico (tomate), mientras que entre las sustancias propias de nuestro organismo que funcionan como antioxidantes se encuentran las enzimas glutation peroxidasa, catalasa y superóxido dismutasa, así como la coenzima Q-10.
Como complementos
Todos los elementos antioxidantes actúan en forma complementaria unos con otros, y se coordinan para obtener la máxima eficacia.
Los médicos recomiendan ingerir una dieta balanceada que contenga cantidades adecuadas de los alimentos que los contienen.
Quienes elijan incrementar su consumo en forma de suplementos dietarios, deberían asesorarse con un especialista para no caer en un desequilibrio o exceso.
Papel protagónico
En el mundo de la cosmética, los radicales libres tienen un papel protagónico: son los responsables de la aparición de las arrugas, producto del envejecimiento cutáneo.
El factor clave en este proceso, más allá del natural paso del tiempo, es la exposición desprotegida a los rayos del sol, cuyos perjuicios son -hasta el momento- irreversibles.
Si bien la mayor parte de la neutralización de estos daños proviene de la ingesta de nutrientes antioxidantes, estudios recientes ofrecen indicios de que la aplicación tópica de estas sustancias, contenidas en cremas, lociones u otro tipo de vehículos, podrían tener efectos beneficiosos para la piel en esta "lucha" contra la oxidación.
No obstante, algunos expertos críticos advierten que la investigación en este campo es incipiente y para nada concluyente, y las atractivas consignas con que se comercializan una infinidad de productos cosméticos tienen mucho de fantasía y muy poco de realidad comprobada por estudios independientes.
Especialmente teniendo en cuenta que, aun si los antioxidantes administrados en forma tópica logran efectivamente desacelerar el proceso de envejecimiento, la comprobación de este hecho es lenta y prolongada en el tiempo.
Por añadidura, unos pocos productos poseen realmente antioxidantes en sus formas químicas estables -que no se degradan u oxidan al poco tiempo- y en cantidades suficientes como para tener algún impacto real en la piel.