Junto a las innumerables celebraciones que se tienen planeadas con motivo de la llegada del año 2000, existe una que congregará a millones de fieles: la celebración del Jubileo.
Para muchos es solo una tradición religiosa, para otros, la gran oportunidad de salvarse y salvar a los demás. Es una gran fiesta para los cristianos y por ello, se han preparado durante tres años para festejarla.
Jubileo significará para la comunidad cristiana un año de júbilo y alegría en el que una tradición de miles de años cobrará vida una vez más.
El Jubileo o Año Santo tiene su origen en la tradición hebraica mediante la cual cada siete años se celebraba el denominado año sabático. Durante este año se dejaba reposar la tierra, se liberaba a los esclavos y se perdonaban las deudas. Más tarde, al cabo de siete años sabáticos, se celebraba el "año jubilar".
Es decir, el año siguiente a los 49 años, el número 50, se convertía en un año de fiesta. Durante este período, se liberaba a los recluidos y los israelitas recobraban las tierras de sus padres que hubieran perdido en algún tipo de negocio.
Como todo en la tradición religiosa, el simbolismo del año jubilar es abundante. Su mayor significado reside en la bondad y justicia que Dios ejerce en su pueblo, en el llamado a volver a los orígenes de Israel y en la liberación de los israelitas.
Sin embargo, la tradición trascendió y en 1300 el papa Bonifacio VIII inaugura el primer jubileo de la historia de la iglesia católica y establece su celebración cada 50 años como demanda la costumbre.
Es durante este siglo, en 1925, que se acuerda celebrarlo cada 25 años para que los fieles tengan una mayor oportunidad de participar en él.
Para la comunidad cristiana, en el Gran Jubileo del Año 2000 residen dos grandes coincidencias: la celebración por sí, que corresponde a ese año, pero además los dos mil años de la anunciación por parte del arcángel San Gabriel a María y del nacimiento de Jesucristo.
En la Bula Incarnations Mysterium , del 22 de noviembre de 1998, el Papa Juan Pablo II establece la celebración del Gran Jubileo del Año 2000. No obstante, durante los tres años anteriores a esta fecha, la Iglesia ha exhortado sobre la importancia de esta fiesta, en 1997, dedicándola a Jesús; en 1998, al Espíritu Santo y en 1999, al Padre; el 2000 está dedicado las Tres Divinas Personas.
Inauguración
El Gran Jubileo del Año 2000 se iniciará el 25 de diciembre próximo cuando Juan Pablo II lo inaugure en la misa de gallo, transmitida desde Roma, y se extenderá hasta el 6 de enero del 2001.
Durante todo este año, los fieles buscarán un acercamiento a Jesucristo y serán capaces de alcanzar la indulgencia, es decir el perdón de la pena temporal.
"Los pecados se perdonan con el arrepentimiento y la confesión, pero nuestro castigo es la pena temporal. Si una persona muere sin arrepentimiento va al infierno, pero si está arrepentida padece una pena temporal que es el purgatorio", explica Walter Howell, párroco de la iglesia de Escazú.
Por lo tanto, el Jubileo es una oportunidad para ganar la indulgencia y evitar el paso por el purgatorio. Mediante una serie de acciones, los fieles pueden alcanzar este perdón tanto para sí mismos como para todas las almas que no tuvieron la oportunidad de conseguirla.
De esta forma, los cristianos pueden realizar las acciones para que las almas de sus seres queridos o personas conocidas abandonen la pena temporal que es el purgatorio y lleguen al cielo.
"Queremos dejar el purgatorio vacío", afirma Howell.
Entre las acciones que deben llevar a cabo los fieles para alcanzar la indulgencia se encuentra la peregrinación. Esta es una manera de simbolizar el éxodo del pueblo israelita para alcanzar su liberación.
Muchos peregrinos
Durante el próximo año, se espera que millones de personas peregrinen hacia las principales basílicas de Roma e Israel para cumplir con este precepto.
En nuestro país, las peregrinaciones serán locales, es decir, de una parroquia a otra y, según explica Howell, los fieles pueden transportar durante esta caminata las imágenes de los santos a los que profesan devoción.
Otro paso para alcanzar la indulgencia es atravesar una puerta santa, lo que representará aceptar a Jesucristo. En Roma estará localizada en el costado derecho de la basílica de San Pedro y el Papa será el primero en atravesarla durante el inicio del jubileo. En Costa Rica, una de las puertas santas será la ubicada al costado norte de la Catedral Metropolitana.
Además, se organizaron peregrinaciones de acuerdo a ubicaciones geográficas, edad e incluso por profesiones. De esta forma, se organizaron jubileos de parroquia a parroquia, para jóvenes, agricultores, catequistas, transportistas, abogados, deportistas, artistas, entre otros.
El año del jubileo es como su palabra lo indica, de júbilo o alegría para el pueblo cristiano. Es un año de perdón y aceptación de Jesucristo, pero además de los pecados, también se perdonan las deudas.
Este año el Papa Juan Pablo II exhortó a que, con motivo del año jubilar, se condone la deuda externa de los países más pobres. Así se busca una expresión tangible de una tradición que congrega a millones de fieles.
Para ganar la indulgencia
La indulgencia es un perdón que tiene sentido si el cristiano es constante y se compromete con sus acciones. Para hacerse merecedor de ella debe:
w Peregrinar a alguna iglesia. Depende del lugar en que resida, el creyente debe peregrinar hacia la parroquia indicada. Debe informarse en su comunidad.
w Pasar por una puerta santa o del perdón.
w Estar confesado y participar en alguna misa o acto litúrgico.
w Rezar el Padrenuestro, un credo y realizar un acto en honor a la Virgen tal como rezar una Salve.
Fuente: Walter Howell, cura párroco de Escazú.