Londres, 7 oct (EFE).- La fotógrafa Annie Leibovitz ha utilizado las fotos que hizo en privado de la escritora Susan Sontag, fallecida en 2004, para contar su historia de amistad y amor.
"Vida de una fotógrafa: 1990-2005", que publica el próximo 19 de octubre en la editorial Jonathan Cape, cubre los quince años compartidos por ambas mujeres, y contiene tanto sus famosas fotos profesionales, muchas de ellas para Vanity Fair, como personales y muy íntimas.
Entre estas últimas hay muchas de Susan Sontag y de ella misma en los viajes que hicieron por el mundo, en su apartamento de París y de Nueva York, donde vivían en pisos situados enfrente el uno del otro.
Sontag y Leibovitz nunca se referían a sí mismas como pareja, según cuenta la fotógrafa en declaraciones al diario británico "The Guardian" con motivo de la publicación del libro.
"Eramos dos personas que nos ayudamos mutuamente a lo largo de nuestras vidas. La palabra más ajustada es la de "amigas", explica.
Algunas de las fotos más conmovedoras del libro muestran el lado menos conocido de la escritora: su vulnerabilidad.
"Todo el mundo pensaba que era muy fuerte, y lo era, pero también era muy vulnerable", explica Leibowitz.
"Cuando entré por primera vez en el apartamento en el que la conocí, tenía una pequeña colección de piedras y de conchas", señala Leibovtz, que ha incluido en el libro una fotografía de esas piedras después de las de Sontag en su lecho de muerte.
Las dos se conocieron en una sesión fotográfica en 1988 en la que Leibovitz estaba encargada de hacer fotos publicitarias para el libro de Sontag "El Sida y sus Metáforas".
Leibovitz tenía entonces 39 años y Sontag, 55: "Era la persona a a la que yo quería conocer en el momento justo", explica la fotógrafa.
Poco después de la muerte de Sontag de cáncer, el padre de Leibovitz falleció también de esa enfermedad, y hay asimismo en el libro fotos suyas que tienen una extraña semejanza con las de la escritora en sus últimos días.
Leibovitz tuvo una hija, Sarah, en el año 2001, y Sontag estuvo a su lado en la cama del hospital, y después de muerta la escritora, tuvo dos gemelas con ayuda de una madre de alquiler.
En los primeros días de su relación, Sontag se mostró ambivalente sobre el deseo de Leibovitz de dar a luz.
"Creo que me quería para ella. Creo que no pensaba que me lo tomaba suficientemente en serio", dijo Leibovitz, según la cual cuando ella decidió finalmente tener descendencia, su amiga le prestó todo el apoyo.
Lo que más lamenta, explica, es no haber estado junto a Sontag en el momento de su muerte. El día que se despidió de ella, Sontag había tenido sesiones de quimioterapia avanzada, pero ella la había visto antes igual de enferma, por lo que decidió volar a Miami a ver a su padre, que estaba también gravemente enfermo. EFE
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