
París. DPA Sólo el cine la mantiene con vida, porque la actriz francesa Annie Girardot padece desde hace tres años el mal de Alzheimer, una enfermedad degenerativa.
“Encuentro la felicidad delante de la cámara”, dice la francesa, calificada por el poeta Jean Cocteau como “el más bello talento dramático de la posguerra”.
La actriz, que el pasado 25 de octubre celebró su 75 cumpleaños, rodó más de cien películas.
Próximamente, actuará en el drama Le miroir aux alouettes , de Jude Baumann. Y es que sobre el escenario y delante de la cámara no se nota nada su enfermedad.
“Es como un milagro. Tampoco su médico lo entiende”, dice su hija Giulia Salvatori. Apenas se presenta delante de la cámara o sube a un escenario, Girardot está totalmente lúcida, concentrada y brillante.
Tal como antes, en la película Rocco y sus hermanos (1960), de Luchino Visconti, con Alain Delon, o en Tres habitaciones en Manhattan (1965), de Marcel Carné, por la que recibió el premio a mejor actriz en el Festival de Venecia.
Mourir d'aimer (1970), una cinta que André Cayatte rodó basándose en hechos reales -una maestra se enamora de un alumno y es empujada a la muerte- convirtió a Girardot en estrella mundial.
En 40 años de carrera, es inolvidable su talento para la comedia en La Zizanie , de Claude Zidi.