PESADILLA AMERICANA. Si hay una frase que resume la intención temática de la película Belleza americana, del director inglés Sam Mendes, es esa: ¡pesadilla americana!, porque por ahí se resuelve la agitación corrosiva que produce esta extraña comedia desmitificadora del modo de vida americano (entiéndase: estadounidense).
Belleza americana, con excelente y coherente guión de Alan Ball, es un golpe para evidenciar el pedestal de barro en que se sustenta el "sueño americano" dentro de ciertos sectores sociales gringos.
Precisamente, es la primera vez que Alan Ball escribe para el cine, después de haber adquirido prestigio por sus trabajos como dramaturgo y como guionista de series de televisión. Por su parte, para Sam Mendes es también su primera realización cinematográfica porque su trabajo se limitaba a la dirección teatral, sobre todo en Inglaterra.
Mendes fue llamado por Steven Spielberg para dirigir Belleza americana luego de que este leyera el guión de Ball. La condición que le pusieron fue la de que no le cambiara ni una coma al susodicho guión.
Mendes confiesa que aceptó porque se trataba de "un guión con una escritura exquisita, con unos personajes muy bien dibujados y una estructura narrativa compleja y muy bien tramada".
En Belleza americana asistimos a una historia compleja que pasa por los personajes que la viven. En ella vemos el deterioro de un mundo de apariencias en que se encuentran sumidos esos personajes, quienes intentan dar credibilidad a un estilo de vida plagado de contradicciones.
Nosotros, espectadores, pronto nos damos cuenta de por dónde se disparan los tiros, con el personaje principal (Lester Burham, de 42 años) diciéndonos que en menos de un año estará muerto, y que lo mejor que le sucede en el día es masturbarse mientras se baña, en acto individual al margen de su esposa Carolyn, obsesionada por el éxito profesional.
Ambos tienen una hija, Jane, cargada de represiones. Alrededor de Jane aparecen Angela, joven atada al espejismo de supuestos erotismos, y Ricky, quien vive un mundo ficticio tras una cámara de video.
Son los personajes principales, pero no los únicos: los vecinos refuerzan ese espacio de felicidades agotadas en que se han transformado algunas relaciones humanas, por culpa de sueños hechos pesadillas, de bellezas deformadas, de anhelos perdidos, de fidelidades arrebatadas y de amores degradados.
Para lograr su propuesta, Sam Mendes ha logrado una planificación aguda del relato, con sarcasmo en su mirada, con voluntad sulfurosa al dar rienda suelta a los acontecimientos y a los personajes. Para esto último, no hay duda de que Mendes se pule en la dirección de actores porque la labor histriónica (colectiva) es intensa, con un Kevin Spacey extraordinario como Lester (con él Annette Bening, Thora Birch y Wes Bentley, entre otros).
Belleza americana es cine para comentar, y esto es bueno.
Cómo, dónde, cuándo
Belleza americana se exhibe en Magaly, Plaza Mayor, Cinemark, San Pedro. Además de esos cines, a partir de mañana se extiende a Variedades, Cariari, Colonial, Internacional.
Entrada: De ¢800 a ¢1.200, según la sala (pensionados pagan la mitad).
Horario: Funciones regulares.