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Acaba de publicarse la cuarta edición de Noche en vela , novela de Rima de Vallbona. Se imprimió por primera vez en 1968 y obtuvo entonces el Premio Aquileo J. Echeverría.
La narración proviene de una conciencia que hila sus recuerdos durante la noche en la que se vela un cadáver. La narradora protagonista, Luisa, es víctima de su entorno familiar, y en especial lo ha sido de su tía Leonor, quien yace en el ataúd.
El eco del existencialismo se percibe tanto en formulaciones filosóficas como en reflexiones precisas sobre la vida. No se omiten las reminiscencias de Jean-Paul Sartre, como “la náusea de la nada”, y es visible a cada paso el uso de la terminología propia de la filosofía existencialista: náusea, vértigo, absurdo, nada.
Felipe, amigo de Luisa, al referirle esta sus lecturas de la Biblia , le dice: “Eso son solo leyendas y fantasías poetizadas. No pierdas el tiempo. Busca algo más sustancioso. Los filósofos', sobre todo los existencialistas', estos sí que tienen fibra”.
En la novela, el insondable misterio de la muerte, ligado al temor y al fantasma de la nada se constituyen en motivo de angustia: “Morir y quedar hecho nada ¡Eternamente! Para eso sufrir tanto, luchar, desesperarse, pasar hambre, miedos, congojas, fríos, humillaciones' ¡Qué angustia!”.
A su vez, la muerte es fuente de dolor y soledad: “¿Por qué marcharán los que nos hacen felices? Es injusto, es injusto todo, ¡absolutamente todo!”.
La soledad es leitmotiv de la novela existencialista. En Noche en vela , la protagonista encuentra, en la soledad, el terreno propicio para la reflexión sobre sí misma y sobre el mundo que la rodea, y en ella descubre su propia verdad interior. Luisa vive inmersa en ese ámbito solitario: “Tan sola como he vivido' Yo no tengo amigos, Felipe”.
La visión pesimista de la vida y el sinsentido de su existencia inundan a Luisa de dudas a las que no halla respuesta.
Al hacer una confesión, Luisa imagina lo que sería decirle al sacerdote: “Padre, me estorba la vida. Quiero morir porque no le encuentro ningún sentido, porque no hallo la verdadera felicidad', porque experimento asco y vergüenza de ser yo misma”.
Esa visión de mundo conduce al absurdo existencial que termina en el pesimismo. Se manifiesta en la incapacidad de encontrar un sentido a la vida: “¿Y quién nos asegura que la vida en toda su realidad no es también un absurdo?”.
Esa concepción está complementada por el fatalismo existencial que radica en la dramática impotencia del ser humano para ejercer su teórico derecho a la libertad existencial. La vida aparece regida por fuerzas contra las que nada puede el ansia de libertad metafísica del individuo.
Ante esa percepción del mundo como proceso angustioso, el hombre busca posibles medios y rutas de salvación: la fe, la filosofía, el amor, la poesía.
La fe religiosa y la carencia de ella tienen relevancia en la novela existencial en cuanto determinan el comportamiento de los personajes ante una vida cuyo sentido no logran interpretar.
Se hace patente la necesidad de creer en la existencia de Dios como medio de compensar la falta de sentido de la vida terrenal y como asidero único de una vida condenada al sufrimiento.
Se experimenta la necesidad de un Dios humano y comprensivo. Esa incesante búsqueda de Dios hace decir a la protagonista: “Buscaba ansiosa a Dios, un Dios diferente al Dios indefinido que me inculcaron desde la niñez”.
Ante el dolor, esa necesidad se torna aún más urgente: “Este dolor en mi alma sola, Te llama. ¿Cómo pude pasarme sin Ti todo este tiempo? Porque Tú existes' Necesito de Ti para no verme perdida”.
Otros temas, como la duda, la culpa y la frustración amorosa, pueden rastrearse en Noche en vela.
Hemos intentado poner de manifiesto la raigambre existencialista que sustenta esta novela y la maestría con que la autora ha logrado encarnarla en las situaciones y personajes de la realidad ficticia.