por Cristina Hasbún
San Salvador, 17 may (ACAN-EFE).- Agobiada por la pobreza, Anastasia, de 19 años, tomó la decisión de emigrar a EEUU con escasas cosas y muchas esperanzas desde su pequeño poblado en El Salvador, adonde regresó veinte días después frustrada y sin piernas.
La joven, madre de una niña de ocho meses, relató hoy a ACAN-EFE, postrada en una cama en el hospital Zacamil, en San Salvador, que emprendió la aventura de viajar a EEUU el pasado 27 de abril junto con tres vecinos de San Francisco Gotera, departamento de Morazán, este del país, donde vivía con sus padres.
Serena, pero con un profundo dolor en su mirada, María Anastasia Pérez Martínez dijo que la condición de pobreza de su familia y el abandono del padre de su bebé la empujaron a buscar, al igual que miles de salvadoreños cada año, un futuro mejor en EEUU, pero su fuerza física no le alcanzó para asirse de un tren en marcha.
El accidente ocurrió el pasado 1 de mayo en el sur de México y la muchacha fue repatriada por Cruz Roja Salvadoreña el pasado jueves.
"Me fui por María Celeste", manifestó Anastasia en referencia a su hijita, a quien había dejado al cuidado de su madre, Mónica Martínez de Pérez, una humilde campesina madre de otras dos mujeres y tres varones que sobreviven con la elaboración y venta de hamacas.
Mónica, llorosa, relató a ACAN-EFE que "mi hija se fue a otra parte porque la vida aquí es dura, casi no se gana. Pero mire como son las cosas, ahora la cosa está peor, ella tiene una tiernita (bebé) y yo ahora tengo que cuidar a las dos".
Según explicó Mónica, en un día puede elaborar dos hamacas con un cono de hilo que cuesta unos once dólares y las vende a ocho dólares cada una, "pero sin muchos adornos porque entonces el hilo no alcanza. Lo que nos queda es bien poco, pero sé que Dios no permite las cosas por gusto".
La tragedia de Anastasia ha sido vivida por otros cinco salvadoreños en el último año, ya que también resultaron con las piernas amputadas al intentar subir a trenes en marcha en territorio mexicano con el fin de evadir a las autoridades migratorias.
Un portavoz de la cancillería salvadoreña dijo a ACAN-EFE que en la actualidad William García se encuentra en esas condiciones en el hospital de Arriga, en Chiapas, y Morris Martínez en el hospital civil de Oaxaca, en espera de ser repatriados.
Agregó que entre junio de 2002 y abril pasado 38 salvadoreños murieron en su intento por llegar a EEUU.
Autoridades salvadoreñas no suministraron una cifra de las personas que anualmente emprenden la aventura de emigrar indocumentados a EEUU, pero según distintas fuentes, entre ellas la Iglesia Católica, son miles y muchos que logran el objetivo de ingresar luego son deportados.
El arzobispo de San Salvador, Fernando Sáenz Lacalle, ha insistido en que el interminable flujo de inmigrantes, con el factor común de la pobreza, conlleva graves problemas sociales, el principal la separación de las familias, ya que muchos padres dejan a sus hijos al cuidado de parientes.
Sáenz Lacalle ha implorado políticas económicas gubernamentales que permitan a todos los salvadoreños "empleo digno con sueldo justo", cuando el salario mínimo se mantiene en 144 dólares mensuales desde el 1 de mayo de 1998 en las ciudades.
En el campo el salario mínimo es menor y en la actualidad unas 100.000 familias en las zonas cafeteras están desempleadas, la mayor parte en el oeste del país, por la crisis del sector ante las constantes bajadas del precio del café en el mercado internacional.
Según la cancillería salvadoreña, actualmente 2,3 millones de salvadoreños viven en EEUU y gran parte de ellos emigraron durante la guerra civil que vivió el país entre 1980 y 1992.
El gobierno salvadoreño gestiona ahora una nueva prórroga del Estatus de Protección Temporal (TPS) que concedió EEUU al país tras los terremotos de enero y febrero de 2001.
El TPS fue concedido a los salvadoreños que habían ingresado en forma ilegal a EEUU antes del 13 de febrero de 2001 y venció el 9 de septiembre de 2002, pero se concedió una prórroga que caducará el 9 de septiembre próximo.
Los salvadoreños que viven en EEUU envían remesas mensuales a sus familiares que sumaron entre enero y abril de este año 642,6 millones de dólares, según el Banco Central de Reserva.
Las remesas ascendieron a 1.935,2 millones de dólares en 2002, 1.910,5 millones de dólares en 2001 y 1.750,7 millones de dólares en el 2000, experimentando crecimientos desde hace más de una década y cubriendo en torno a un 75 por ciento el déficit comercial del país. ACAN-EFE
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