¡Con culebras así, para qué guerras sucias! Con solo echar anacondas gigantescas, como las de esta película y las de la anterior, bastante se ahorraría cualquier país en gastos militares. Si no lo creen, es cuestión de ver esta cinta: Anaconda 2 (2004, de Dwight H. Little).
La verdad es que el argumento de este filme nada tiene que ver con el primero. Lo único que los emparenta es la mala calidad de ambos. La primera película tenía anacondas en la región amazónica.
Esta vez, esas culebrotas aparecen en la selva de Borneo (vaya usted a saber cómo fueron a dar allá), donde se alimentan de flores de la eterna juventud, buscadas por una transnacional de la medicina para hacer más millones de dólares. El resto es aventura de la mala, reptiles aburridos, traidores consabidos, malas actuaciones y humorismo del peor.
Mentira: lo peor es que hagan una Anaconda 3 y tengamos que comentarla. Aunque sugerimos una opción: vayan al cine sin tomarse en serio al filme, para nada, y se ríen bastante, como si fuera un chiste mal contado.
La película es muy oscura, como para esconder lo mal que está hecha.
Cómo, cuándo, dónde...:
Qué: Anaconda 2 se exhibe en Cinemark, Cinépolis y CCM.
Entrada: De ¢1.000 a ¢1.400. Precio especial en la tarde y para pensionados.
Horario: Funciones regulares.