La brisa escazuceña se paseó toda la noche por el parqueo del hotel Camino Real Intercontinental, mientras un pedazo de la luna curiosa corría, de cuando en cuando, su cobija de nubes para iluminar los rostros en la penumbra de cientos de románticos que llegaron a oír al "soldado del amor": Manuel Mijares.
Al terminar el grupo nacional Expresso, Mijares apareció en el escenario ataviado con un traje negro, ancho. Luce un poco más grueso y con sus cabellos ensortijados más largos. Era el mismo Mijares de Uno entre mil y Bella, pero los años no perdonan ni a los artistas.
Su palidez un poco amarillenta revelaron una enfermedad que lo obligó a cancelar su presentación del 28 de febrero en Costa Rica.
Corazón salvaje, Estar sin ti y Para amarnos más tiñeron los rostros de recuerdos, amores juveniles. Sus canciones fueron coreadas en su totalidad. Entre pieza y pieza, una pausa y afloraban los suspiros y los piropos.
Del romanticismo inicial, pasó al rock and roll y con él llegaron El rey de la noche, Buena fortuna y Bella. Los gritos se hicieron cada vez más fuertes y las servilletas de la cena se convirtieron en instrumentos para celebrar haciendo círculos en el aire o tirándolas hacia arriba. Mijares bailó, pero el médico le prohibió esforzarse demasiado.
María Bonita y Querido amigo, dúo con Pedro Infante, devolvieron la melancolía a la velada.
¡Adiós seriedad!
El público, al principio muy serio, tal vez por la gala que lucían algunas personas, cada vez se involucraba más en la actividad. Atrás quedaron los aplausos discretos y la emoción clavada a la silla.
Karol Uriza y Lucía Alvarado, de canal 7, cantaron todas las piezas. No se les quedó atrás Marla Ferraro, gerente de Relaciones Públicas del hotel. María Torres y Marcia Saborío, tampoco se perdieron el espectáculo. Otros de los invitados que engalanaban los asientos, que costaron ¢12.000 y ¢17.000, fueron Daphne Zeledón y Gino Renzi. El show siempre estuvo cubierto por una sombra (no negativa), la cual se hizo evidente en el tema Amor. El mexicano cantó a dúo con una de sus coristas, la cual poseía una buena voz. Al final, y después de los gritos de "¡otra, otra, otra!", Mijares volvió al escenario con más fuerza. Interpretó un popurrí de canciones movidas como: Palo bonito, Morena, A pedir su mano. El artista se retiró con sus encuentros, recuerdos, rock and roll y nostalgias y dejó a los asistentes de la velada destilando amor en conversaciones cobijadas por el frío de la madrugada.