
CUBA (AFP) - Imposibilitados de conseguir repuestos originales por el embargo que Estados Unidos ha impuesto a Cuba durante 45 años, los aficionados a las Harley-Davidson apelan al ingenio y a piezas de camiones soviéticos para mantener rodando las antiguas motocicletas.
Los fans cubanos, que dicen incluir a Ernesto Guevara, el hijo del célebre líder revolucionario conocido como el "Che", estiman que hay unas 100 Harleys en los caminos del Cuba, todas ellas modelos anteriores a 1960 y la mayoría todavía funcionando.
"Es una lucha mantenerlas; hay que inventar las piezas para continuar caminando, es una inversión de tiempo y dinero", comentó Sergio Morales, cubierto de grasa pero resplandeciente de orgullo al admirar su Harley-Davidson Panhead del año 1949.
Morales trabaja en un taller clandestino de Harley-Davison junto con otros tres mecánicos ajustando un motor 750 cc, que conserva todas sus partes originales.
Mientras ellos trabajan, el dueño charla con un entusiasta que estacionó su Knucklehead verde olivo de 1947 en el patio, a la que le da un impulso para conseguir arrancar su motor 1.000 cc provocando un distintivo rugido, una dulce melodía para los amantes de las Harley, conocidos aquí como "harlistas".
La Knucklehead tiene un faro que una vez perteneció a un camión soviético, una Panhead de 1950 aparcada cerca arranca con un pistón tomado de una motocicleta Moto-Guzzi, y un triciclo fue reconstruido con una variedad de partes, algunas caseras y otras adaptadas.
Debido al embargo estadounidense contra Cuba es imposible importar repuestos, por lo que los "harlistas" han aprendido a fabricarlos con lo que tengan al alcance, modificando partes de bicicletas, autos, camiones y maquinaria agrícola, y poniendo a prueba su imaginación.
"Los turistas que ven las motos dicen que somos héroes", aseguró Morales.
Pero para los motociclistas locales, la verdadera estrella fue el fallecido pionero de los métodos de preservación de las motos Harley, conocido como "Minutia Pepe" debido a su precisión mecánica. Cada año, un puñado de motociclistas acude al cementerio de La Habana donde está sepultado para rendirle homenaje.
Los entusiastas hacen todo lo que pueden por conservar el motor original de sus máquinas y hablan con respeto reverencial de aquellas Harley que circulan desde hace más de cinco décadas con un cuidadoso mantenimiento.
Destacan además que su pasión por las motos clásicas no es solo una afición en un país que lucha contra una escasez severa tanto de transporte público como de privado.
"Cuba es un laboratorio natural para Harley-Davidson, donde la Harley, sin ninguna pieza de repuesto, es una moto que sirve de medio de transporte", dijo Morales, de 56 años, que luce una camiseta que reza, en inglés: "Señores, enciendan sus motores".
Los harlistas tienden a ser hombres de mediana edad, muy educados, con poco en común con la imagen de "chicos malos" que impera en otros países, pero igual sostienen que sufren ciertos prejuicios.
"Muchas personas creen que la moto americana es un símbolo de la política americana. Nosotros nos hemos encargado de mostrar que la marca de la moto no tiene que ver con la política", dijo Morales.
Cuba dejó de importar Harleys después de la revolución en 1959, que llevó al ahora convaleciente Fidel Castro al poder.
Pero la leyenda harlista sostiene que unas 100 motocicletas otrora usadas por la fuerza policial del dictador Fulgencio Batista fueron enterradas hace décadas y esperan ser descubiertas.
"Podría ser, no lo sabemos", indicó Morales.
Aunque su esposa dice que ella se siente cómoda en la motocicleta, suelta la carcajada cuando se le pregunta si su marido le presta la máquina.
"Hay un poco de machismo", admitió Morales. "En nuestro grupo no nos gusta que las mujeres monten".
"No es tradición en Cuba", dijo sonriendo.
© 2007 AFP