Pocos métodos de caza son tan crueles como el que se emplea para matar a las ballenas: arpones cargados con una granada que explota en el cuerpo del animal y lo hace agonizar hasta una hora o más.
Con el fin de detener esa práctica, unas 140 organizaciones no gubernamentales de 55 países lanzaron la campaña mundial Ballenas en la mira (Whalewatch, en inglés).
Su objetivo es ejercer influencia sobre la Comisión Internacional de Balleneo (IWC, por sus siglas en inglés) para que detenga la matanza, ya sea con fines científicos o comerciales.
A pesar de que la caza con fines comerciales es prohibida desde 1986, cada año son asesinados unos 1.400 de esos cétaceos.
Más aún, algunos países han solicitado que se elimine la prohibición.
Para contrarrestar esa petición, la campaña se realiza tanto en los países que votan en la IWC como en aquellos que no lo hacen porque carecen de actividad ballenera. Tal es el caso de Costa Rica.
"Países como Costa Rica y Argentina no tienen voto en la IWC, pero pueden hacerse oír mediante un pronunciamiento contra de la caza de ballenas", explicó Gerardo Huertas Arias, director para Latinoamérica de la Sociedad Mundial para la Protección Animal (WSPA, por sus siglas en inglés).
Esta entidad lidera la coalición de ONG que impulsa la campaña. No solo se trata de conservar la especie, sino, también, de evitar el maltrato que sufren las ballenas al ser perseguidas.
Maltrato excesivo
La tecnología usada para matar ballenas ha cambiado poco desde el siglo XIX.
El arpón, que se dispara desde un cañón, debe penetrar el cuerpo de la ballena a una profundidad de 30 centímetros antes de detonar. La explosión causa un daño masivo que acaba por matarla o, peor aún, la deja gravemente herida.
"El arpón es poco certero y la probabilidad de que no caiga como debe es muy alta, de modo que el animal no muere de manera instantánea, sino que permanece desangrándose hasta una hora", dijo Huertas.
En el periodo 2002-2003, Japón reportó un 60 por ciento de ballenas que no murieron instantáneamente con el arpón. Ese país, al igual que Islandia, cuenta con un permiso para realizar "pesca científica".
En ciertas partes de Estados Unidos, Rusia y Groelandia se permite la pesca de ballenas para el consumo local.
Algunas ballenas son heridas, mas no capturadas, y el daño en sus órganos internos les causa dificultad para procrear y amamantar a sus crías. Esto, aunado al estrés que les causa la persecución, afecta su salud y su bienestar.