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Altamira, réplica perfecta

La reproducción fiel de la cueva de Altamira es, hasta ahora, una de las mayores hazañas del arte. El Museo del mismo nombre hace del paleolítico una experiencia virtual

Altamira, réplica perfecta - 1
Altamira, réplica perfecta - 1 ARANBERRI

Desde el 17 de julio pasado, la Cueva de Altamira, ese maravilloso lugar patrimonio de la Humanidad en cuyo techo algún hombre primitivo pintó hace miles de años bisontes, caballos y ciervos, tiene su doble, su gota gemela, su reflejo perfecto, su igual a igual.

No podía ser de otra forma; la cueva de Altamira, una excavación natural abierta a 11 kilómetros de Santillana del Mar, en la provincia española de Santander, es una estructura frágil que evoluciona hacia su destrucción. Por ello, el Museo de Altamira creó

una reproducción perfecta, en escala, forma y contenido, de aquello que los científicos han bautizado como la Sala de Polícromos o de los Bisontes, espacio donde enormes bisontes, varios caballos salvajes, un jabalí y una cierva fueron plasmados enérgicos y vivaces hace unos 15.000 años, según calculan los expertos.

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