La cocina china está tan difundida en nuestro país, que muy pocos la consideran solo una expresión étnica, y Villa Bonita es una muestra de las virtudes de la alta cocina china. No en balde, el lugar es muy frecuentado; además, el servicio es sencillamente espectacular.
Para comenzar, probé una sopa agripicante, un delicioso caldo que contiene pollo, clara de huevo, tallarines de arroz, tau fu (queso de soya) y dos tipos de hongos: champiñones en rodajas y hongo de mar kuan ti, servido con el punto de picante perfecto para no asustar al paladar tico.
También como entrada probamos unos camarones rellenos que estaban de verdad exquisitos. Vinieron rellenos con carne de cerdo y envueltos en una preparación de harina y huevo, en su forma original. El empanizado estaba justo en el punto que a mí me gusta: crujiente y no muy grasoso. El plato se sirve acompañado por hojuelas de camarón y una salsa de tomate agridulce.
La estrella de la jornada fue el pato Pekín, una versión bastante bien lograda del plato más celebrado de la cocina pequinesa. La característica de este pato es la apariencia de la piel, tostada y brillante. Se sirve acompañado de tortillas de trigo y una buenísima salsa de ciruelas. Realmente, muy recomendable.
También probé el sze-chuen york, un lomito en tiritas con verduras en salsa especial de carne. Un pequeño yerro: el que no se sintiera el picante, a pesar de que se había pedido con intensidad media.
Lamentablemente, los postres chinos suelen tener sabores muy fuertes para el paladar criollo, por lo que la carta de Villa Bonita es bastante moderada al respecto. Al solicitarle al salonero una explicación sobre qué eran el lai chi (mamón chino en almíbar) y la chirimoya (lo que denominamos manzana rosa), nos trajo unas muestras, las cuales obviamente ya no salieron de la mesa. Vayan mis felicitaciones al chef y al personal de salón.
* Chef gourmet.