Los hombres son como el ganado vacuno en el amor. Esta es la conclusión a la que llega Jane, la chica resentida con Ray, el tipo que la abandona para regresar con su novia anterior. Esta es una idea que los espectadores debemos considerar al ver la película Alguien como tú, comedia romántica dirigida por Tony Goldwin que ahora está en cartelera.
La idea no le llega a Jane del aire, ni por inspiración, sino que al leer un texto (dizque científico) entiende que los hombres son como los toros: les gusta aparearse con las vacas, siempre y cuando sean distintas o nuevas. O sea: la poligamia de los hombres (como la de los toros) es genética, biológica o asunto parecido.
De esa manera, Jane se dedica a escribir columnas sobre sexo (las vacas incluidas) de manera anónima, y triunfa (el éxito también es anónimo y no tan vacuno), para esto cuenta con el apoyo de una editora que es su amiga: Liz.
Mientras, Jane decide compartir apartamento con su amigo Eddie, quien parece un toro en celo. Dicen que quien busca al novillo, encuentra los cachos; por lo que resulta muy predecible lo que le puede suceder a Jane (tan previsible como la película, que -además- es comedia reiterativa, como el rumiar del ganado bovino, y poco ágil, como el carácter de una vaca apacentando).
Por supuesto que el romance sale bien librado en Alguien como tú, porque para el amor no hay torero que valga ni toreo que funcione; por supuesto que el filme tiene algunos momentos oportunos y alegres (como saltos de ternero), pero al resto se le pega la monotonía de un mugido en un potrero; además, la puesta en escena es tan monocorde como ordeñar vacas con máquinas.
Lo mejor son las actuaciones: los actores tienen casta, y le ponen cariño y afán seductor a sus trabajos. Ahí tenemos a Ashley Judd (Jane), Greg Kinnear (Ray), Hugh Jackman (Eddie) y Marisa Tomei (Liz). La primera es el mejor ganado de la manada.