Llena de colores brillantes, detalles autóctonos, inocentes anacronismos, curiosísimos objetos y mucha sencillez y sentimiento, la Navidad se exhibe pasito a pasito en los hogares costarricenses.
Así lo comprueban los dos primeros lugares de dos concursos de portales organizados en Costa Rica y que este año se concentraron en la provincia de Alajuela. Uno de ellos fue realizado por la Dirección Regional de Cultura de esa provincia y el otro por el Centro Cultural e Histórico José Figueres Ferrer.
Con un portal enorme, aunque lleno de piezas pequeñitas, Alfredo Chacón Arce, de 75 años y vecino de Río Grande de Atenas, ganó el primer lugar del concurso de la Dirección Regional de Alajuela.
El mayor reconocimiento del centro Figueres Ferrer de San Ramón recayó sobre un nacimiento de figuras de grandes dimensiones, creado por Édgar Rodríguez, de 16 años.
En ambos, la tradición del pasito revive cuando los vientos decembrinos empiezan a sacar a noviembre del calendario.
Los portales ganadores son ambiciosos: se adueñan de casi toda la sala con sus metros de papel encerado, su aserrín, sus sonoros ríos artificiales por donde realmente corre agua, sus decenas de figuritas y animalitos de granja, selva y bosque y, por supuesto, el Niño Dios, custodiado por María y José, la mula y el buey y unos reyes magos que nunca terminan de caminar.
Tan llenos de detallitos están que, en las casas de Alfredo Chacón y de Édgar Rodríguez, no queda ni un lugarcito para San Nicolás o el oloroso árbol de Navidad.
De Noé a Mickey Mouse
El portal de Alfredo Chacón se ha convertido en un mundo de curiosidades y él le tiene un cariño enorme. Es orgullo de papá, de creador.
Esa ciudad en miniatura nació hace 36 años, cuando Chacón le regaló un pasito chiquitito de unos 15 centímetros a una de sus hijas. El siguiente año, Alfredo le regaló uno un poquito más grande y, a partir de entonces, empezó a añadirle "cositas": ovejitas, conejos, gallinas, pastores, casitas, pozos, cerditos, tortugas, ranas y castillos lujosos, carritos y hasta figuritas de Mickey Mouse.
Desde hace seis años, su pasito tiene un río, con una pequeña cascada, atravesado por dos puentes: uno sostiene un pececito que parece nadar y el otro es un puente de hamaca lleno de monitos y pastores.
A un lado, una curiosidad: el Arca de Noé, con todo tipo de animales, y encaramada en una pequeña loma. "Sí, después del diluvio, el arca quedó sobre una montaña", recuerda Alfredo. Este es un anacronismo, sin duda; pero se ve tan bien que, ¡qué importa!
Por allí hay un pueblito de casitas de paletas, una pista de aterrizaje con aviones y helicópteros, una olla llena de tamales a medio cocinar, unas canastas con arroz, frijoles y café para que nunca falten y un tendedero de ropa lleno de pañales del Niño Dios.
Para Chacón, el portal no es una obligación, sino un placer navideño. "A mí me gusta inventarle algo diferente todos los años... Es una lástima que se esté perdiendo la tradición porque tener un buen portal en la casa es una enorme alegría".
Este año, Alfredo está contentísimo porque mucha gente, incluso de Alajuela centro, ha ido a ver su portal, uno grandote y humildito que mezcla lo bíblico y lo tradicional
Obsesión de toda la vida
Cuentan que Édgar Rodríguez se convirtió "en el terror" de todos los portales desde los cinco años, cuando entraba a cualquier casa y le daba por "arreglar" el portal, eso sí, a su manera.
Quizá por ello su tía Alicia decidió regalarle uno; así Édgar inició una colección y tradición que aún continua.
Su portal no está ambientado en la Nochebuena sino en la mañana del 25 de diciembre; por eso, tras las imágenes de gran tamaño se ve un cielo celeste lleno de nubecitas, una vegetación real, un manantial y unos pajaritos que simulan cantar.
"A mí me encanta hacer portales, en esta casa hay tres. Quise hacer algo diferente, hacerlo al día siguiente de la Navidad y traerlo a Costa Rica; es decir, rodearlo con nuestra vegetación", dijo el joven de 16 años.
Este pasito combina piezas que le han regalado y otras hechas por él. Lo impresionante es que están trabajadas con enorme destreza técnica, buen uso del color y cuidado en los detalles.
Las matas de café, los nidos de pájaros, las ramas secas, las orquídeas y la planta de macadamia forman parte del portal de Édgar.
Desde ya decidió que los ¢30.000 del premio los invertirá en el portal del próximo año; no obstante, usará uno de madera al que le ha hecho el vestuario.
Por ahora, y de aquí a que haga el rezo del Niño, la sala de los Rodríguez seguirá habitada por el portal y Édgar no dejará que sus papás compren los muebles nuevos, porque no tendría dónde poner su obra.
Pasito a pasito, la Navidad vive en nuestros pueblos y tradiciones. Pasito a pasito, la Navidad sigue siendo tica.