El llanto que suele empañar los primeros días de clase puede transformarse en una sonrisa, si los padres preparan a sus hijos y los convencen de que ingresar al kínder es una experiencia grata, colmada de sorpresas para ellos.
Es importante que el niño asimile con tiempo la idea de separarse de sus progenitores para estar en un aula durante varias horas, rodeado de compañeros hasta ese momento desconocidos. Cuando tales cambios se producen de forma repentina pueden angustiar e indisponer mucho a los pequeños.
El primer requisito para que esta "iniciación" no sea una tragedia es que los propios padres reconozcan la importancia de que sus hijos asistan al kínder: además de ser una etapa fundamental en su proceso de aprendizaje, es el primer paso que dan solos por el camino de la vida en sociedad.
"El kínder es el segundo hogar del niño. Allí entablan amistades, aprenden a seguir las reglas para pertenecer a un grupo, comparten, asumen tareas y empiezan a independizarse", comenta Emilia Alfaro, maestra de preescolar.
Ella recomienda llevar a los niños a conocer la institución antes de que empiece el curso lectivo para que se familiaricen con ese nuevo espacio y conozcan al personal, en especial a su maestra.
Otro consejo para motivar al niño es permitir que participe en la compra de los materiales que utilizará en el kínder, y que los escoja a su gusto. Explicarle para qué sirve cada uno de ellos es una manera de que empiece a soñar con todo lo que podrá crear.
"Los niños se ilusionan al ver que les están comprando cosas para que estrenen en el kínder. Los papás pueden aprovechar ese momento para mostrarle a su hijo que están invirtiendo en su estudio, de modo que él aprenda a valorar ese esfuerzo y cuide lo que le dan", añade Alfaro.
Hora de llegada
El primer día de clases, es vital que el niño llegue relajado. Despertarlo temprano, ayudarlo a alistarse, desayunar en familia, y llevarlo a la institución al menos 20 minutos antes de la hora de entrada evitará que él se sienta presionado por la situación.
La psicóloga Valery Valverde señala la importancia de que los padres de familia también se muestren tranquilos para que transmitan seguridad a sus hijos. "A veces las mamás se angustian o se ponen a llorar y ponen nervioso al niño porque piensa que algo malo le sucederá", explica.
"Lo ideal es que se despidan de una manera muy natural y no lo colmen de advertencias sobre su conducta", añade Alfaro.
Valverde sostiene que la principal causa del llanto de los niños en el kínder es el temor a que sus progenitores se vayan y no regresen más, por lo cual aconseja que, antes de despedirse, los padres le aseguren a su hijo que volverán a buscarlo. Si son puntuales a la hora de la salida, el pequeño se convencerá de que no hay planes de abandonarlo.
Aunque el estudiante vaya a viajar en autobús escolar, al menos durante la primera semana es recomendable que un padre o pariente encargado vaya por él.
Al volver a casa, el pequeño se sentirá estimulado si puede conversar con su familia acerca de su experiencia en el kínder, y seguramente al día siguiente tendrá más ganas de ir a clases.