por Jose Oliva
Barcelona (España), 26 jun (EFE).- El prolífico escritor argentino César Aira acaba de publicar en España su última novela, "Un episodio en la vida del pintor viajero", que recrea el paso por Argentina del pintor alemán del siglo XIX Johan Moritz Rugendas.
Según ha explicado César Aira a EFE en una entrevista, con las diferentes ediciones de esta novela "Europa está descubriendo a uno de sus grandes artistas, que figura como uno de los padres de la pintura argentina, chilena y mexicana".
César Aira (Coronel Pringles, 1949), autor de novelas como "La mendiga" (1999), "Cumpleaños" (2001), "El mago" (2002), "Canto castrato" (2003) o "Las noches de flores" (2004), ha dicho que "Johan Moritz Rugendas, a quien el mismo Humboldt admiraba como a un maestro en el arte pictórico de la fisonomía de la naturaleza, fue el mejor de los pocos pintores viajeros que hubo en Occidente".
De su segundo viaje a América resultaron miles de óleos, acuarelas y dibujos cuyo objeto fueron de manera primordial las selvas y montañas tropicales.
Pero el objetivo secreto de su viaje, apunta Aira, fue Argentina, país que visitó en dos ocasiones: en 1847, en Buenos Aires, cuando en su visita más fructífera registró abundantes paisajes y tipos rioplatenses; y diez años después, cuando ya había hecho una breve y dramática visita a Mendoza.
Sobre el rastro de las carreteras gigantes, Rugendas se puso en el camino de la recta interpampeana a la espera de aquello que, por fin, desafiara a su lápiz y lo obligara a crear un procedimiento nuevo, una travesía en la que le acompañó el pintor alemán Robert Krause.
Rugendas, asegura Aira, "rozó, siquiera por unos instantes, ese centro imposible, sólo que a un precio inmenso, cuando la caída de un rayo le deformó el rostro e interrumpió la travesía".
Aira topó con la historia de Rugendas casi por casualidad cuando estaba escribiendo un texto para un libro de fotografías de unos amigos sobre las grandes estancias argentinas, y por una de ellas, en Mendoza, había pasado en el siglo XIX el pintor viajero Rugendas".
Acostumbrado a maltratar a sus personajes -"cuando los invento me gusta matarlos o darles un final extremadamente feliz", dice-, Aira tuvo en esta ocasión compasión hacia Rugendas, que tuvo una vida trágica con dos de los elementos habituales de sus novelas: "el tema del monstruo y el juego de ópticas".
En ese juego de ópticas, Aira presenta al personaje casi de manera enciclopédica, "desde un comienzo en que describo a Rugendas desde afuera, hasta un final en que a partir del estilo indirecto me lleva más a entrar en su conciencia".
Con esta historia llovida del cielo, "no tuve más que sentarme a escribir, pues era como una novela 'ready-made' encontrada por mí y sólo tuve que añadir lo que Borges llama 'detalles circunstanciales'".
Dentro de esos "detalles circunstanciales" Aira incluyó "la teoría y filosofía que meto siempre en mis novelas, que, aunque divertida, es falsa, totalmente inventada".
Aira confiesa que "no me gusta la novela histórica, pero cuando me acerco al género me gusta incluir el dato histórico rarísimo, entremezclado con la ficción verosímil, para que el lector confunda lo que inventé con lo que pasó de verdad".
En "Un episodio en la vida del pintor viajero" (Mondadori), Aira disfraza la novela de biografía y ensayo, algo reforzado por las ilustraciones del propio Rugendas incluidas en la edición española.
El escritor argentino califica de "excepcional" su última novela, puesto que toda su obra gira alrededor de su barrio y de su infancia en Pringles, y "es muy raro que me vaya a tiempos lejanos".
Abonado al cambio de registro constante, "para no aburrirme", Aira ya tiene en puertas una nueva novela sobre su infancia en Pringles con su madre, ambientada en una época más contemporánea. EFE.
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