AVENTURA PICARESCA. En eso pretende convertirse la nueva película de los estudios DreamWorks, en el arte de los dibujos animados, titulada El camino hacia El Dorado, dirigida por Eric "Bibo" Beregon y Don Paul.
Para lograrlo, El Dorado nos cuenta la historia de dos tunantes, Tulio y Miguel, quienes viven en la España desvelada por las posibles riquezas de las tierras a las que llegó Cristóbal Colón. Sin ningún título que los respalde, Miguel y Tulio tienen la profesión de pícaros; por eso son taimados, descarados, astutos, sinvergüenzas, mañosos y demás adjetivos semejantes, pero no exentos de simpatía, la suficiente para ser héroes, si hay que serlo.
A Tulio y Miguel, por supuesto, la vida se les pone cada vez más difícil en su pueblo español. Sin embargo, son bribones con suerte, y esa suerte los lleva a un barco que forma parte de una expedición rumbo a "nuevas tierras". Para su ventaja, llevan en sus manos un mapa (adquirido tramposamente) que les señala donde está la fabulosa y mítica ciudad de El Dorado, tan buscada por los españoles obsesionados por el oro.
En el viaje encontrarán un fiel amigo: Altivo, un caballo talentoso; los tres vivirán una aventura maravillosa en tierras indígenas (a donde llegarán, al fin y al cabo), en lo que hoy es México, en 1519. Allí conocerán distintos personajes, entre quienes destaca Chel, joven nativa que se convertirá en cómplice de Miguel y Tulio, y dará lugar al amor en la aventura.
También está el sumo sacerdote Tzekel-Kan, sediento de poder y de sacrificios humanos, por quien la aventura se verá envuelta en situaciones fantásticas (que más bien parecen sacadas de un cómic japonés de monstruos). Frente al hechicero aparece el jefe indígena (solo llamado Jefe), mezcla de ingenuidad con bondad.
Aparece, además, el conquistador Hernán Cortés, personalidad granítica y cruel, capaz de aliarse con Tzekel-Kan. Por supuesto que está el oro, pero no todo lo que brilla es oro, por lo que igualmente afloran dioses, sentimientos y hasta canciones (por cierto: las letras son de Tim Rice y la música de Elton John).
El camino hacia El Dorado es una cinta que tuvo retrasos en su producción ya que, periódicamente, se reescribieron muchas secuencias. Esta es la segunda película de dibujos animados con el sello DreamWorks: la primera lo fue El príncipe de Egipto (1998), cuestionada -por la crítica- por su artesanía rígida y plana, como también por su mediana creatividad escénica.
Esas limitaciones tienden a repetirse ahora en El Dorado, por lo que este filme a veces peca por simple (incluso en su humor) y le falta la magia intensa que debe haber en los dibujos animados. Sin embargo, puede disfrutarse como entretenimiento pasajero, ocasión para ir al cine con los más pequeños de la familia.