Milán (Italia), 1 oct (EFE).- El lado más salvaje de la moda femenina llegó hoy a la pasarela de Milán de la mano de los veteranos Dolce&Gabbana, que presentaron una colección inspirada en el corazón de la jungla africana.
Fieles a su estilo transgresor, los modistos plantearon para la temporada primavera-verano 2005 una línea muy "fashion", si bien Domenico Dolce y Stefano Gabbana rehuyen de ese calificativo y prefieren hablar de "diseños especiales para clientes especiales":
"Mujeres que si ven una prenda publicada en una revista, ya la consideran pasada", una clientela que "ante la pregunta '¿de quién es esto?' quieren poder responder 'es mío', sin nombrar al diseñador".
La pareja, uno de los más sólidos dúos del mundo de la moda, llevó a la pasarela unos diseños inspirados en el safari, con los que quisieron rendir homenaje a las pitonisas o, en palabras de los estilistas, "esas mujeres obsesionadas por las serpientes".
Así, se prodigaron los estampados y tejidos de piel de pitón, aunque también hubo espacio para las rayas blanquinegras de la cebra, el mosaico de la piel de cocodrilo y las manchas del leopardo.
Cómplice de ese derroche selvático, la modelo Naomi Campbell, fiel amiga y colaboradora de los estilistas sicilianos, inauguró el escenario con uno de los vestidos más sugerentes de la colección, un modelo de piel de pitón ajustado, a modo de corpiño, con una lazada que deja espacio para adivinar la lencería.
Complementos obligados en esta línea, los brazaletes africanos, que aportan un toque étnico a unas faldas de corte serio en pitón natural con incrustaciones de cristal, chaquetas de seda rematadas en cocodrilo marrón y blusas semitransparentes de estampados felinos.
Los modistos sicilianos apuestan también por los abrigos de tejidos ligeros con tiras de seda bordadas con rafia, chaquetones de chiffon con seda y lentejuelas, y los "jeans" con camisas militares, en los que aparecen de nuevo las pieles de pitón.
Pese a que no empezó con los mejores auspicios por un retraso de una hora y media que caldeó los ánimos del público -causado por la tardanza de la hija de Elvis Presley, Lisa Marie, a la que los modistos quisieron esperar-, el desfile consiguió ganarse a los asistentes y recibió una calurosa ovación.
También en el trópico, pero en el otro lado del planeta, se inspiró el modisto Gianfranco Ferré para su colección de primavera verano, que llevó a la pasarela lombarda los colores brasileños de Salvador de Bahía y la jungla amazónica.
Aparecen los estampados atigrados, las manchas de leopardo y de nuevo las rayas de las pieles de cebra, en vestidos largos y con muchos plisados que evocan formas de animales salvajes.
Un estilo "recuperado de mis años 80", señaló el estilista, y en el que los mantos felinos se diseñan sobre seda, tul y tejidos elásticos, conjugados con bordados de flores y apliques exóticos.
Para el día triunfa una línea informal, que se inclina por la comodidad de las prendas elásticas, suaves y adaptables en los tonos tropicales del cacao o la mandioca.
También la estilista Anna Molinari, de Blugirl, la marca del grupo Blumarine dirigida al sector juvenil, llevó un toque entre tropical y étnico a la pasarela milanesa con una colección de ligeras túnicas bordadas en las que el talle aparece ajustado y la gama de colores va del ocre al cacao.
Inspirada en Africa a su vez la colección firmada por Roberta di Camerino, que propone camisetas tipo saharianas, trajes estampados que recuerdan a los Tuareg y medias multicolores como las cuentas de los collares Masai.
Las propuestas del ruso Valentin Yudashkin se basan en cambio en la arquitectura budista y las prendas típicas vietnamitas, con trajes simples que muestran algunos elementos étnicos, mientras que los pantalones son rectos y los trajes de noche aparecen incrustados con gemas y pedrería. EFE
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