Heredia
Fue el almacén más importante de Heredia a finales del siglo XIX y principios del XX. Gente de otros lugares llegaba a comprar abarrotes, productos para la agricultura y ganadería; muebles y utensilios de cocina.
En 1893 abrió sus puertas Las Tres Américas, propiedad de don Santiago Rodríguez, quien tenía además otro local en el mercado, llamado El Buen Precio. Luego de más de 20 años, don Santiago vendió los locales a la sociedad de Julián Zumbado y Rubén Salas.
Eran importadores de cocinas de hierro de Alemania y herramientas de Inglaterra. Vendían también máquinas de moler maíz, machetes, candelabros, cucharones... de todo.
Tiempo después, negociando, Zumbado y Salas dividieron los negocios: el primero se quedó con El Buen Precio y el segundo con Las Tres Américas.
Zumbado decía que de niño pasaba mirando por las ventanas de Las Tres Américas y exclamaba: “Algún día tendré un negocio como éste”.
Algo muy familiar
El negocio crecía, enfrentando con holgura la competencia en el mercado. Zumbado confió a su hijo Allan los secretos de la buena administración.
Allan llevó ideas nuevas que permitieron a Las Tres Américas seguir siendo un negocio con la capacidad de adaptarse a las tendencias del mercado.
Por más de 60 años, Zumbado administró la ferretería, considerada la madre de todas las demás, al menos en Heredia.
Él se mantuvo al frente del negocio y cuando su hijo Allan creció, se lo dio en administración. “Fue una gran responsabilidad. Papá siempre llegaba al almacén, todos los días, a supervisar que todo estuviera bien”, recordó el hijo sobre su padre.
Allan también se mantuvo al frente de Las Tres Américas durante cerca de 20 años y su hijo, del mismo nombre, estaba iniciándose en los negocios.
“Continuaría así una tradición. Era el sentimiento familiar de seguir adelante en este gran almacén de Heredia”, comentó Allan padre.
Pero su hijo tuvo una buena opción para estudiar en el extranjero y él siguió al mando del histórico local. “El negocio estaba bien. Era rentable y permitía salir adelante con todo, pero apareció una muy buena opción de alquiler del local y decidimos cerrarlo”, contó Allan padre.
“Fue una decisión muy difícil que tuve que tomar rápidamente”, concluyó.
Fue así como Heredia se quedó sin uno de sus más antiguos tesoros, quizás desconocido por muchos.