
ómo es que estas dos cantantes, con su carga de años y una imagen nada juvenil, han logrado perdudar en el mundo de la música pop?
El origen de su éxito se puede encontrar si tomamos la valija y nos damos un viajecito por el pasado.
A estas dos artistas de la canción popular su procedencia les brinda una cierta igualdad de condiciones y algunas diferencias impresionantes. Pero definitivamente las dos se caracterizan por torrentes de historia corriendo por sus venas, algo de lo que, por lo general, carece la mayoría de las vocalistas de moda.
Hoy día, la industria de la música produce ídolos a cada instante, y muchos de estos jóvenes productos no han vivido ni una octava parte de lo que Celia y Tina pueden contar.
Ellas han vivido la música pasando por todos los abismos y alturas, tocando la cima y en algunas ocasiones el fondo. Nunca nada les ha sido fácil y es, ahora, en su madurez artística, cuando tienen el don de ser felices sin el temor de no serlo.
Celia, la reina Rumba
Celia Cruz llegó a la Sonora Matancera porque el azar les tenía reservada esa jugada. Esta hija de la vecindad de Santos Suárez no hubiera sido Celia Cruz, la reina de la rumba, sin la Sonora Matancera, y la orquesta no hubiera sobrevivido por décadas y décadas sin Celia Cruz.
La Sonora, en esa época, no es lo que era hasta hace algunos años. Los comienzos habían sido difíciles después de venirse de Matanzas para hacer la aventura de La Habana. En 1944, cuando Pedro Night entró a la Matancera, Bienvenido Granda ya estaba cantando aquello de que "hay que vivir el momento, ¡qué nos importa el pasado!" y poco después llegó Daniel Santos saludando con aquel "vengo a decir adiós a los muchachos..."
En aquellas noches habaneras, otras agrupaciones y orquestas imponían su ritmo y su sello inconfundible: la Aragón, Arsenio Rodríguez, la banda de Beny Moré que se había convertido en el Bárbaro de la música cubana, la orquesta de Miguelito Valdéz, la Riverside y, para asombro de estos tiempos, dos orquestas conformadas únicamente de mujeres; la Ensueño y la Anacaona.
Celia Cruz, la guarachera de Oriente, no cayó por arte de magia al micrófono. Tuvo sus principios en unos bailes que comenzaron a organizar los centros españoles en los Jardines de La Tropical, al iniciarse la década del 40.
Ahí se estrenó y cuando recibió el visto bueno de los negros, que fueron los primeros en reconocer las cualidades de su voz abierta, pasó entonces a la radio habanera a cantar guarachas.
Después vino la Sonora Matancera, con la que hizo su primera grabación hasta alcanzar el disco número 20 y brindar al mundo una de las colecciones más consistentes y significativas de la música afrocubana. Durante una larga temporada de giras, que se extendió de 1951 a 1959, ella cosechó una admiración internacional que hoy continúa vibrando en el pecho de cualquier bailador.
En 1961, en los albores de la beatlemanía, Celia ya era ciudadana estadounidense y logró impactar la escena de la música tropical con un album junto a Tito Puente.
En 1970 la salsa explota y baña a toda la comunidad latina de los Estados Unidos y se expande a lo largo de nuestro continente. La señora Celia se integra a un grupo de notables e inquietos músicos de una nueva generación llamados Fania All Star. Allí encuentra un lugar junto a Willie Colón, Johnny Pacheco y Pappo Lucca.
Su personalidad abierta al sol como un cañaveral y cargada de dulce y melodiosa azúcar negra la lleva a explorar los años 80 y 90 a la par de extrañas personalidades como David Byrne o los Fabulosos Cadillacs y con otra leyenda de la salsa, Ray Barretto.
Toda esta experiencia con tantos músicos y este protagonismo en la crónica del mundo latino es un regalo de la vida. Celia Cruz es parte de la historia personal de muchos latinos que, sobrevolando cuatros generaciones, han moldeado el mundo de nuestro tiempo. Celia es un símbolo cultural. Trasciende el escaparate del mercado musical y es más atractiva sin la insípida sexualidad de la Barbie.
Tina,the acid queen
Para hablar de la Tina de hoy día hay que empezar por el disco Private Dancer . Esta producción fue la que la rescató del sótano del olvido. Atrás quedaron sus inicios, a los 16 años, en los night clubs .
Atrás quedaban también su tortuoso matrimonio con el violento y agresor de Ike Turner y las difíciles sesiones consigo misma, de donde surgió una poderosa autoestima que la hizo cambiar de peinado, bailar como adolescente y proyectar una belleza interna que muchos confundieron con imagen sexual.
El disco Private Dancer fue asombroso y excepcional. No solo mostró a una Tina irreconocible e impecable a sus 46 años sino que, musicalmente fue una joyita de la década del 80. En él había versiones de clásicos adaptados en forma de rock moderno como Let's stay together de Al Green o Help de los Beatles. Mark Knofler aportó una canción hecha a la medida de los sentimientos de Tina y que dio nombre al disco.
Este álbum alcanzó el número dos en las listas inglesas, el tres en las norteamericanas y le proporcionó a Tina cuatro Grammy. Vinieron películas y comerciales, conciertos y videos, y ella con su energía y talento natural, abriendo el camino para nuevas y jóvenes figuras del mundo de la música.
Tina también es un símbolo cultural, pero sobre todo, es el símbolo personal de muchas mujeres que se han inspirado en su vida como ejemplo de superación y autoestima.
Fue una mujer agredida por su marido, humillada y rebajada en su condición de mujer y artista. Nadie entendía como lo resistía. Cuando vino el momento de tomar la decisión de su vida muchos ojos estaban atentos y aprendieron la lección.
En la vida de estas dos mujeres no hay nada creado por la industria. Han sido sus experiencias las que condujeron a estas dos abuelas del pop al éxito. El talento, las oportunidades, el éxito y el público siempre las han acompañado, pero su verdadera fuerza está en ellas mismas. En lo que fueron y por lo que son.