El golpe. Sacudido quedó el medio artístico criollo esta semana, debido a la partida del maestro Ray Tico. La enfermedad del mítico bolerista era bien conocida por todos pero, aún así, su fallecimiento viene a ser una pérdida enorme para la cultura y el patrimonio costarricense, pues “monstruos” de la talla de Ray ya no quedan muchos.
La noticia. Cualquiera en sus cinco sentidos daría por descontado que la muerte de Ray Tico debería acaparar todos los titulares de las secciones de espectáculos en los medios de comunicación. Sin embargo, pareciera que los criterios de algunos periodistas van por otro lado... quizá consideraron que Ray no jala tanto como los escándalos de pacotilla de nuestras figurillas “faranduleras”. Solo así se puede explicar que a Ray se le destinara una cuarta parte del espacio que en estos días se le ha destinado a Bailando por un sueño , programa que está en boca de todos pero que nunca podrá aspirar a la trascendencia e importancia de lo sucedido con Ray Tico.
El colmo. Pero, si lo anterior ya es escándalo, peor resulta ver cómo la noticia de Ray perdió fuelle frente al bochinche armado por dos (in)maduros millonarios, que se volaron bala en una disputa de poder para hacerse con los favores de una modelito, famosa gracias a los favores de la prensa rosa y a unos pechos tan voluminosos como artificiales. En resumen: un pleito patético sí es noticia, la pérdida de un talento como Ray Tico pareciera que no tanto.
Clarito. El viernes pocos eran los periodistas que llegaron a la iglesia Don Bosco para cubrir la ceremonia religiosa por el alma de Ray y de fijo que pocos serán los que hoy lo acompañen mientras sus cenizas se unen con la arenosa playa de su amado Limón. Sin embargo, de fijo que las cámaras sobrarían si el funeral fuera para la modelito pechugona o alguno de sus amantes. No somos nada.