A Ricardo Arjona, el hombre que saltó a la fama cantándole a las señoras de las cuatro décadas, la posibilidad de ganar dos Grammy Latinos no le mueve un pelo.
El cantautor guatemalteco asegura que le encantaría que el premio se lo lleve el español Joan Manuel Serrat, quien junto a Enrique Iglesias, David Bisbal y Alexandre Pires, compiten con Arjona por el Mejor Album Vocal Pop Masculino.
"Me parece que es el que más se lo merece", sentencia Arjona mientras se apoya, relajado, en el respaldo del sofá blanco de un hotel de moda en Miami Beach.
Pecador incurable
Su último álbum, Santo pecado , es el sétimo en su carrera de trovador pero el primero nominado a un Grammy Latino, cuya ceremonia se realizará el 3 de setiembre en Miami.
La distinción le llega al cantautor guatemalteco unos 10 años después de su primer éxito, Animal Nocturno , en medio de un doloroso divorcio, y por partida doble: también está nominado en la categoría de Mejor Video Musica con El Problema , que fue durante 11 semanas número uno de la lista de música latina de Billboard en Estados Unidos a fines del 2002.
Son más de las 7 p. m. y Arjona viste la misma camisa amarilla y el mismo jean gastado con los que dio en la mañana su primera entrevista. Recién durante esa conversación, asegura, se enteró de su nominación.
"No es que no le tenga respeto (...) para mí el Grammy es un reconocimiento, pero me parece que nosotros (los artistas) no tenemos que estar tan pendientes de ese tipo de cosas, no estar como en guardia porque si un día te lo ganas vas a querer repetir el ejercicio" dice.
A 15 días de comenzar su gira por 11 ciudades de Estados Unidos, Arjona confiesa que con su metro noventa y tantos no se siente en ningún lado tan a sus anchas como arriba de un escenario. "Es rico tener ese poder de caminar y que la gente venga contigo", dice el cantante, quien ha confesado que, a sus 39 años, la timidez solo se le quita guitarra en mano.
El restaurante
Arjona cuenta que Santo Pecado trae su título de un concurso en pleno vuelo sobre Venezuela con un grupo de amigos, con algunos de los cuales jugaba a poner un restaurante, al que había que encontrarle un nombre.
"El que ganó fui yo, con el título de Santo Pecado. Les gustó a todos, coincidieron en que tenía mucho que ver con ese asunto de comer. El restaurante nunca se dio y fue a parar a una canción y después el título me daba para más, y cuando terminé el disco dije, esto es lo que debe ser", cuenta.
Pero a pesar de haber sido concebido como restaurante, este año Santo Pecado es un hotel y es parte del espectáculo que Arjona ya ha presentado en América Latina y que el 8 de agosto estrenará en Estados Unidos, en el Madison Square Garden de Nueva York.
La puesta en escena es casi teatral, como son siempre sus presentaciones, con escenógrafa y una pequeña historia como guión.
En esta ocasión, el lobby de un hotel sirve de telón de fondo para su nueva producción, donde canta, por ejemplo, sobre el secuestro de una niña de 9 años que termina con su muerte.
El "Hotel Santo Pecado" también asiste al frenesí de sus fanáticas cuando el Arjona audaz e irreverente se lamenta porque "te llevaste mi despertador, me dejaste la ropa interior que te di para quitártela".
Por eso, quizás, no es extraño ver volar habitualmente brasiers y pantaletas sobre su escenario.
"Hay canciones en las que verdaderamente me parten el momento, si (eso) pasa", dice. "Hay otras en las que es mucho más manejable. Que si me la tiran en una canción como Mujeres o en una como Sin daños a terceros , que es muy dramática. Hay momentos en que yo hago caso omiso de que pasó algo, porque no lo puedo soportar", explica.
Los que no hacen caso omiso son sus técnicos, cuenta con una sonrisa, que guardan meticulosamente en los baúles de sus giras toda la colección de ropa interior femenina que ha recogido Arjona en más de una década sobre el escenario.