K-PAX (El visitante) . EE. UU., 2001, 120 minutos.
Dirección : Iain Softley.
Guión : Charles Leavitt.
Montaje : Craig McKay.
Música : Ed Searmur.
Fotografía : John Mathieson.
Intérpretes: Jeff Bridges, Kevin Spacey, Mary McCormack, Alfre Woodward, David Patrick Kelly, Saul Williams, Celia Weston.
La infertilidad imaginativa y la escasez de historias que caracterizan buena parte de la industria hollywoodense ha derivado, actualmente, en la producción de remakes de cintas históricas más o menos trascendentes, tanto de su propia cosecha como de otras latitudes.
Estas apropiaciones, que en algunos casos resultan absolutamente válidas y hasta necesarias, en tanto homenaje posmoderno o revisitación de la historia cinematográfica, en otros momentos se han convertido en un plagio descarado y, para colmo, ni siquiera reconocido, a pesar de las evidencias palpables.
Este es el caso de K-PAX , la última película del mediocre director británico Iain Softley (de Backbeat ; Hackers: piratas informáticos ; Las alas de la paloma ), con un guión de Charles Leavitt, basado en la novela homónima de 1995 del escritor Gene Brewer.
Así, tanto la novela como el filme que nos ocupa copiaron encubierta, aunque literalmente, buena parte del desarrollo argumental de Hombre mirando el sudeste , el aclamado filme de 1986 del argentino Eliseo Subiela.
Trasladando la trama hacia el Nueva York de la actualidad, K-PAX nos presenta en sus primeras escenas a Prot, un supuesto ser alienígena que dice pertenecer a un planeta de otra galaxia. Por ello, es internado en un hospital psiquiátrico, donde un médico de la clínica se interesa vivamente por la lógica de pensamiento y las reacciones psicológicas de este extraño personaje.
Todo esto nos remite, casi inmediatamente, a las claves esenciales de la relación entre el paciente Rantés y el Dr. Denis en la película de Subiela. Y a esto habría que añadir la positiva influencia que este nuevo paciente tiene sobre los enfermos del hospital, pésimamente trabajadas, por cierto, en este filme.
En todo caso, en Hombre mirando al sudeste , las relaciones entre médico y paciente estaban mediadas por un elíptico y a la vez sutil juego de complejos intercambios personales, casi siempre transidos por metafóricas y profundas reflexiones metafísicas, socioculturales y existenciales.
Sin embargo, en este plagio de K-PAX , apenas asistimos a algunos pretensiosos aunque insulsos diálogos del tipo manual de mejoramiento humano elemental. Todo ello condimentado por una melosa banda sonora, junto a una ambientación, fotografía y actuaciones realmente insignificantes, incluido el Rantés de caricatura que lamentablemente caracteriza Kevin Spacey.
Para colmo, justo al final, la historia da un gratuito giro, haciéndonos aparecer a través de la risible hipnosis a que es sometido Prot un nuevo y "sorprendente" nombre, cuyo único objetivo es justificar y tornar ambigua la posibilidad de que este excéntrico personaje fuera o no un ser alíenigena. Con ese giro inútil e intrascendente acaba diluyéndose en este filme cualquier pretensión de ir más allá del golpe de efecto final y la justificación al uso. Por eso, magro favor le hace este mal plagio a Hombre mirando al sudeste , su evidente aunque negada fuente, imitación que ya Subiela se ha encargado de demandar.