
Sus papás adivinaron, hace más de ocho décadas, que Juvenal todavía sería parte de la población económicamente activa a sus 84 años.
El segundo de sus diez hijos lleva la esencia de la juventud tanto en su nombre como en su rostro, en el que apenas se asoman un par de arrugas.
Solo un 0,5% de la población mayor de 60 años en Costa Rica está activa económicamente. Don Juvenal ya rebasa en 24 años esa edad y está seguro de que la sangre de los Chaves, por ser de “
“Ese es el vicio de él”, asegura Mélida Araya, la mujer con la que ha vivido 60 años de feliz matrimonio y con quien tuvo diez hijos y, más tarde, 25 nietos y cinco bisnietos.
A su edad, tiene la salud de un tronco y no hay modo de que se quede tranquilo en la casa. Se la pasa haciendo y deshaciendo con la madera, en la fábrica de puertas de su hija.
“Viéralo
La memoria de este hombre se apoya en la lucidez de su esposa, quien le recuerda los detalles a cada momento. “El 19 de mayo de 1951 fue que nos casamos.
Lo único que no logra recordar don
Comenzó como agricultor en las fincas de su papá, al igual que sus otros ocho hermanos hombres, cogiendo el café maduro. A los 15, su
Aunque los “sinverguenzas” que se llevaban el trabajo sin pagar nunca dejaron de existir, la costura se incrementaba con los años, junto con la cantidad de hijos de la pareja.
“Cuando vivíamos en Santiago (distrito de San Ramón), amanecíamos pegando botones y planchando pantalones”, rememora doña Mélida, quien también es reconocida en el pueblo como una mujer muy trabajadora. A sus 81 años, ella nunca ha dejado ni de hornear pan ni de hacer tortillas, y antaño ayudaba en la economía de su casa haciendo puros de tabaco.
Después de 13 años de matrimonio, cuando los ¢6 que cobraba por cada pantalón vendido ya no les alcanzaban para mantener a los diez chiquillos, él y su esposa volvieron a la agricultura, pero con tanta boca qué alimentar la cosa se puso color de hormiga.
“Y a mí toda la vida me ha encantado la construcción, entonces me
Participó en la construcción de los gimnasios de Palmares, Barrio México, Pavas, la Florida de Tibás y la Universidad Nacional, en Heredia.
Durante ese tiempo, dejaba a su mujer con la decena de chiquillos y se iba toda la semana para la capital. Ahí le pagaban a ¢4 la hora, porque él, según sus propias palabras, “era muy bueno y tenía mucha experiencia”.
Cuando compara su salario de antes con el de ahora, a don
En la actualidad, él construye bancos para los trabajadores de la fábrica que fundó con su hija, hace rampas y gradas de cemento, y a veces hasta arregla las máquinas que se descomponen.
En ocasiones, Mélida y Juvenal dejan de hablar en coro y se ponen a discutir.
“Si no fuera por la fábrica de Aleida,
Y entonces él alza un poquito la voz. “En la carpintería no falta el trabajo. Yo, a esta edad, me voy a cualquier construcción y estoy
maria.cruzchaves@ucr.ac.cr