EN EL PRECISO INSTANTE en que entré en Antares me acordé de Magda, la hábil estilista del salón Imagen, a quien le confío mi cabeza. La última vez que la vi, esta vez alaciada y pelirroja, me lanzó una pregunta que no fue fácil contestarle: "Dígame una cosa: ¿dónde hay algún bar-restaurante bonito, donde se vacile bastante y que no vayan solo chiquillos de 18, sino gente grande?".
Esa pregunta nos llevó a analizar las posibilidades. En verdad, no eran muchas. Pensamos en un par de lugares en El Pueblo, en la conocida Sandra Solano, en un bar relativamente nuevo que abrió Paco Navarrete en el Complejo Kilates y al que llamó Etcétera; nos acordamos también del Complejo Kamakiri..., y, bueno, en ese punto nos quedamos sin mucho que decir.
Por eso, al entrar en Antares pensé en Magda. Antares es exactamente el tipo de lugar que ella anda buscando. Es un bar amplio, agradable, con buenas instalaciones: ventanales, decoración de madera, barra amplia, mesas cómodas y buen parqueo.
Lo del local bonito ya estaba cumplido. El segundo requisito era que fuera "vacilón", y Antares lo es gracias a su karaoke en vivo con el grupo Gaviota, que se presenta los jueves. Los asistentes escuchan entonces los éxitos de este conocido grupo, para luego subir a escena y cantar ellos mismos, acompañados por músicos profesionales.
Los que no llegan los jueves, sino el fin de semana, se dan cuenta de que los viernes y sábados hay música en vivo, así que la gente se lanza a pista y baila toda la noche, pese a que en realidad no hay una pista de baile formal, pero sí un espacio suficiente entre la tarima de los grupos y las mesas del salón.
El tercer requisito era que la concurrencia no anduviera estrenando la cédula. Y esta quizá sea la principal característica de Antares: llega gente de todo tipo y de toda edad, pero lo cierto es que la mayoría de los clientes ya superaron los 30 años, y más bien viven los 40 y los 50.
La gente arriba en grupos mixtos, de entre cuatro y seis personas, y también en parejas.
Llegan, se toman unas cervezas, se comen un par de bocas o un plato surtido, cuentan chistes (suponemos porque de vez en cuando estallan carcajadas en algunas mesas) y, si les llama la atención, los visitantes bailan tres o cuatro piezas. Cuando el conjunto hace una pausa, se sientan y conversan durante un rato, hasta que las tonadas de Elvis Crespo, de Celia Cruz o de Maná los vuelven a "jalar" al área de baile.
La noche del viernes pasado, pese al "baldazo" de la tarde, el local se llenó. En la mesa de a la par, tanto ella como él se prepararon a conciencia para pasar la noche juntos..., bailando. La señora se puso las panties negras, los zapatos de tacón número siete y un vestido negro hasta las rodillas, de esos que no se usan a diario, sino en ocasiones especiales. El señor sacó la jacket negra de cuero, el pantalón claro "de vestir" y la colonia fina.
Un poco más allá, una mesa con tres parejas. Las dos parejas de solteros bailaron a menudo, aprovechando la menor oportunidad para dedicarse sonrisas melosas y miradas intensas; la pareja de casados, no tanto, pese a que se veía que ella tenía ganas. Pero, bueno, la joven señora por lo menos se sacó el clavo en un par de canciones porque se notaba que el esposo la estaba pasando bien, entre risas y chicharrones, pero sin muchas ganas de tirarse a pista.
De vez en cuando, alguna pareja nos devolvía a la actualidad con sus movimientos, pero en la manera de bailar se notaba que los asistentes casi no saben lo que es el hip-hop, el trance o géneros musicales recién inventados.
Esta es la muestra: cuando el conjunto de esa noche tocó Corazón espinado, del grupo Maná con acompañamiento del guitarrista Carlos Santana, y luego Smooth, también de Santana pero con la voz del rockero Rob Thomas, hubo un rumor colectivo. Mucha gente reconoció la canción y muchos se dirigieron a la pista.
Entonces se miraron, se abrazaron y empezaron a bailar con pasitos cortos algunos, como si fuera un bolero, y con pasos más largos otros, estilo pasodoble. Nadie le atinó al rock ni al pop, pero ¿qué importaba la forma de bailar si lo estaban disfrutando? ¡Esto es lo que cuenta!
Cómo, dónde, cuándo
Lugar: Bar Antares.
Dirección: Un kilómetro antes del peaje de la autopista Florencio del Castillo. Centro Comercial Plaza de Ayarco, Villas de Ayarco, Tres Ríos.
Teléfono: 272-1838.
Horario: De lunes a sábado, de 3 p. m. en adelante. Domingos, cerrado.
Comodidades: Aceptan tarjeta de crédito, buen parqueo propio y espacio suficiente para estacionar en la propiedad del frente. Local con capacidad para entre 150 y 200 personas.
Actividades especiales : Karaoke "en vivo" con el grupo Gaviota los jueves a las 9 p. m.; viernes y sábados, música en vivo a partir de las 9 p. m. con grupos como Skala, Tabasco, Duvalier Quirós, Jenny Solano, Gerardo Ramírez y otros.
Ofrece: Además de la venta de bebidas, en Antares hay un menú de "antojos" y de platos variados. Los precios van de ¢615 a ¢850. Los platos surtidos cuestan entre ¢3.900 y ¢4.900. Los cocteles van de los ¢722 a los ¢922, en su mayoría. La cerveza cuesta ¢500, y hay happy hour todos los días entre 4 p. m. y 8 p. m.
Precio de entrada: De lunes a miércoles no se cobra. Los jueves, viernes y sábados se cobran ¢1.000 por persona.