Para una especie que está seriamente amenazada de extinción –como la lapa roja (
Los nacimientos empezaron a darse desde abril y el último pichón nació el 28 de junio, pero aún hay tres huevos fértiles que no se han roto, lo que podría aumentar el total, indicó Laura Fournier, bióloga de ZooAve que trabaja en este centro de reproducción en La Garita, Alajuela.
Los pichones son hijos de nueve parejas que forman parte del proyecto de reproducción en cautiverio.
De esta manera, el huevo pasa 26 días en incubación natural y en el momento de la eclosión, el pichón pasa unos tres meses en el nido siendo alimentado por sus papás.
En este sentido, la dieta de los menores es similar a la de los adultos: comen desde hojas hasta arroz, frijoles, soya, huevos y verduras. Superada esta fase, el pichón puede alimentarse por sí mismo.
Para mantenerlos en control, se les pesa diariamente. Si al nacer pesan 24 gramos, a los tres meses pueden estar alcanzando los 1.200 gramos. A esta altura de su ciclo de vida, se trasladan a jaulas de vuelo donde estarán unos dos meses en compañía de otros individuos para irse acostumbrándose a las condiciones del bosque.
Ya cuando están listos, las aves son trasladadas al lugar de liberación en jaulas con una especie de perchas móviles, dispositivos que simulan el movimiento de las ramas de los árboles.
“Las perchas móviles, a diferencia de las fijas, permiten desarrollar el sentido de viraje en los animales. Esto es similar a lo que las lapas perciben al posarse sobre una rama: sienten que se mueven, y así aprenden cómo mantener el equilibrio, tal y como deberán hacerlo cuando sean liberadas”, explicó Fournier.
Estos centros de liberación están ubicados en Golfito y Liberia.
Originalmente esta especie se distribuía en el Pacífico, pero ahora se concentra en áreas protegidas debido a la fragmentación del bosque, la contaminación y el comercio ilegal de vida silvestre.
Zoo Ave detectó que desde los años 80 la población de lapas rojas venía mermando en la zona de Golfito, y por eso decidió emprender un proyecto para tratar de repoblar el área con individuos nacidos en condiciones de cautiverio.
En 1998 se dieron las primeras inserciones al bosque, y desde entonces se han liberado unas 130 de estas aves, reconocidas por su vistoso plumaje rojo.
La meta es liberar unas 200 para tratar de restablecer la población original del sector.
“Tener tantos pichones es un gran logro. Además, las lapas criadas por sus padres tienen más posibilidades de sobrevivir, y hemos visto que las liberadas por nosotros siempre han tenido éxito”, concluyó Fournier.