ENTRE OLAS GRANDES, así llega el agente 007, el conocido James Bond, en una tabla para surfear, a meterse a la boca del lobo. Más exactamente, llega a Corea del Norte, donde ciertas armas tienen al mundo al borde de su final. Solo que alguien traiciona a Bond y, por ello, el lío se desata en cantidades adrenalínicas.
Es lo que vemos en la película número 20 que nos llega con las aventuras del espía con licencia para matar, cuyo título resulta expresivo: Otro día para morir (2002), dirigida por el neozelandés Lee Tamahori, el de Guerreros (1994), Las cataratas de Mullholland (1996), Al filo del peligro (1997) y Telaraña (2001).
Otro día para morir no es solo el filme número 20 en la serie con James Bond, sino que viene como homenaje a la primera película de la saga, estrenada hace 40 años: El satánico Dr. No (1962, de Terence Young). Se trata de la serie producida por Albert Cubby Broccoli, quien murió en 1996, por lo que ahora la produce su hija Barbara y un viejo amigo de ambos: Michael G. Wilson.
Recordemos que hay dos títulos por ahí que no se consideran dentro de la saga, pero que tienen a Bond como héroe del espionaje. Se trata de Casino Royale (1967, de John Huston y otros) y Nunca digas nunca jamás (1983, de Irvin Kersner).
Por supuesto que, en Otro día para morir, repite el actor Pierce Brosnan, en su cuarta presentación como James Bond, luego de ceñirse la elegancia del espía mujeriego en GoldenEye (1995), El mañana nunca muere (1997) y El mundo no basta (1999). Se dice que Pierce Brosnan solo piensa hacer una película más como Bond, para luego retirarse. ¿Le creemos?
Por supuesto que lo acompañan las chicas bellas de siempre, una buena y otra no tanto. La primera la encarna la actriz Halle Berry, seductora, quien sale de un mar grande con un bikini pequeño, en una secuencia que nos recuerda la de Úrsula Andress hace 40 años en El satánico Dr. No. La otra chica la interpreta Miranda Frost.
De ahí en adelante, repiten los personajes ya conocidos y queridos por los fanáticos "bondianos": el señor Q (John Cleese), quien siempre llena de artilugios a Bond, inclusive -esta vez- de un auto invisible; está la señora M (Judi Dench), parca y con temperamento de jefatura.
La canción de turno la ha compuesto y la interpreta Madonna, la diva del pop, quien se permite actuar un ratito. Lo demás es acción, mucha acción, más allá de lo creíble, donde Bond parece una mezcla de sí mismo con Jackie Chan y Van Damme. De ahí no pasa, por lo que no es de las mejores películas de 007, aunque entretenga.