
La artista japonesa Yayoi Kusama, una de las figuras más reconocibles del arte contemporáneo, murió el 14 de agosto en un hospital de Tokio, a los 97 años. Su fallecimiento fue anunciado por su estudio este jueves 27 de agosto.
La noticia fue confirmada también por Reuters y recogida por medios como The Guardian y The Associated Press.
El estudio de la artista destacó que Kusama continuó trabajando hasta sus últimos días. En el comunicado publicado tras su muerte, la familia y el equipo que la representaba señalaron: “A lo largo de una vida extraordinaria dedicada por completo a la creación artística, Kusama desarrolló una carrera de reconocimiento internacional como pionera de la vanguardia, cuya práctica creativa abarcó las artes visuales, la performance, la ficción y la poesía”.
“Continuó pintando hasta sus últimos días, sin apartar nunca el pincel, y siguió explorando el amor eterno y el alma eterna. Llevaremos adelante los deseos de Kusama y, a través del arte, continuaremos llevando esperanza y fortaleza para el futuro a personas de todo el mundo”, dice el mensaje.

Kusama construyó durante más de siete décadas una obra marcada por los puntos, las redes, los espejos, las calabazas y la repetición. Sus pinturas, esculturas e instalaciones inmersivas convirtieron obsesiones personales y experiencias alucinatorias en un lenguaje visual que terminó por alcanzar al gran público.
Desde niña, la artista contó que experimentaba alucinaciones en las que flores, luces y patrones cubrían los espacios a su alrededor. El dibujo se convirtió en una forma de registrar y contener aquellas visiones.
Décadas después, esos motivos reaparecieron en sus llamados Infinity Mirror Rooms, instalaciones en las que espejos, luces y superficies reflectantes producen la sensación de un espacio interminable.
Nacida en Matsumoto, Japón, en 1929, Kusama se trasladó a Nueva York a finales de los años 50. Allí desarrolló buena parte de las ideas que definirían su carrera y entró en contacto con artistas vinculados con el pop art y el minimalismo. Sus primeros trabajos con redes infinitas y sus esculturas blandas cubiertas de formas fálicas desafiaron las convenciones de la escena artística de la época.

También protagonizó acciones performáticas de fuerte contenido político y provocador. En los años 60 organizó intervenciones públicas, utilizó el cuerpo como superficie artística y protestó contra la guerra de Vietnam.
Su relación con las alucinaciones, lejos de ser un episodio marginal de su biografía, quedó en el centro de su concepción artística. Kusama desarrolló la idea de la “autoobliteración”: la disolución del individuo en patrones repetidos hasta perder los límites entre el cuerpo, el espacio y el universo, recuerda The Guardian.
Vida dedicada al arte
En 1977 ingresó voluntariamente en un hospital psiquiátrico de Tokio, donde permaneció durante décadas. Desde allí continuó trabajando en un estudio cercano. El aislamiento no detuvo su producción artística; más bien, así desarrolló una de las carreras más singulares del arte contemporáneo.

El reconocimiento internacional que no había recibido plenamente durante sus primeros años llegó con fuerza en las últimas décadas de su vida. Sus instalaciones de espejos, sus esculturas de calabazas y sus pinturas saturadas de puntos comenzaron a atraer grandes multitudes. Museos como el Museum of Modern Art de Nueva York, la Tate Modern de Londres y el Hirshhorn Museum de Washington le dedicaron retrospectivas, recuerda The Guardian.
La popularidad de sus instalaciones encontró además un aliado natural en la cultura de las redes sociales. Las salas de espejos, las luces y las esculturas de colores se convirtieron en escenarios ideales para fotografías y videos. Su obra, concebida décadas antes de Instagram, terminó encajando de manera perfecta en la lógica visual de la era de las selfies.
Kusama dejó una obra que comenzó mucho antes de que sus instalaciones se convirtieran en fenómenos masivos. Lo que hoy parece una estética reconocible al instante —con puntos, espejos, calabazas, luces y repeticiones— nació de una búsqueda artística ligada a la percepción, la obsesión, el infinito y la presencia del arte en todas partes.

