Ileana Alvarado Venegas. 8 junio, 2018
Este libro fue publicado por la Editorial de la Universidad Nacional.
Este libro fue publicado por la Editorial de la Universidad Nacional.

El siglo XX abrió por completo la puerta del arte a las diferentes técnicas del grabado.

Después de varias centurias de crear imágenes con el objetivo de acompañar textos de diferente índole, el grabado amplía sus posibilidades y se convierte en un importante vehículo de expresión individual y social.

Costa Rica fue un terreno fértil para el desarrollo de la técnica de la xilografía pese a no contar con una tradición; quizá la riqueza de especies de árboles y su extendido uso como materia prima para las viviendas, tiene que ver con la gran sensibilidad hacia este medio que se vislumbra desde los años treinta con el Álbum del 34 y el trabajo continuo de Francisco Amighetti.

A partir de 1972, se consolida la presencia del grabado en metal, con el liderazgo de Juan Luis Rodríguez quien queda a cargo de crear y consolidar el primer taller en la Universidad de Costa Rica.

En el ámbito latinoamericano, nuestro país ha sido uno de los semilleros de artistas de la gráfica en el continente, gracias a la variedad y calidad expresiva y técnica, un caso especial dentro el contexto centroamericano.

Es por este motivo meritorio que la Universidad Nacional, por medio de la Editorial EUNA, publique el libro Tinta y papel: El grabado en Costa Rica 1934-2000. El texto, escrito por el historiador de arte Efraín Hernández y el artista Adrián Arguedas, es un aporte fundamental para la bibliografía existente, ya que el arte desarrollado con las diferentes técnicas de estampación, ha sido poco estudiado.

Una imagen de la exposición Bitácora de los oficios, de Sila Chanto, en el Museo de Arte y Diseño Contemporáneo en el 2012. Foto: Fabián Hernández para LN.
Una imagen de la exposición Bitácora de los oficios, de Sila Chanto, en el Museo de Arte y Diseño Contemporáneo en el 2012. Foto: Fabián Hernández para LN.
Las fortalezas de una investigación

La publicación tiene varias fortalezas: la primera es que nos permite conocer exhaustivamente las investigaciones individuales de los artistas más influyentes, tanto en el ámbito expresivo como en el técnico, a la vez que revisa la incorporación de las técnicas, de manera tal que observamos su consolidación en el medio.

En segundo término, los dos autores coinciden y enfatizan en el hecho de que la técnica es parte de la expresión y del contenido de la obra, concepto fundamental poco abordado en los textos de historia del arte local.

El tercer elemento significativo tiene que ver con la razón de ser de la publicación: crear un libro que funcione como texto para los estudiantes de la Escuela de Arte y Comunicación Visual de la Universidad Nacional, así como para cualquier otro que pudiera estar interesado en: la historia de los artistas, de sus obras y en la comprensión de los diferentes procedimientos técnicos y las posibilidades expresivas del grabado. El libro cumple a cabalidad con este objetivo.

Lógica urbana (1999), de Hernán Arévalo.
Lógica urbana (1999), de Hernán Arévalo.
Interesantes revisiones

Es realmente interesante como Arguedas, en el capítulo titulado Conceptualización y reflexiones en torno a la técnica del grabado, en La necesidad, construye un hilo conductor entre el trabajo en xilografía de dos artistas de generaciones muy alejadas: Francisco Amighetti (considerado padre de la cromoxilografía) y Sila Chanto (primera artista significativa en romper con los paradigmas tradicionales del medio).

El autor se refiere al constante y profundo proceso de investigación de ambos y al hecho de que culminan en propuestas muy personales que, aunque distantes, coinciden en varios puntos: son de tendencia expresionista, sus obras no están realizadas para complacer, profundizan en la problemática humana y logran que lo propiamente técnico se incorpore a los valores expresivos.

Como bien lo menciona “...tanto Francisco Amighetti como Sila Chanto, en sus diferentes momentos históricos, han sabido aprovechar los recursos formales para establecer, desde el grabado, una forma de comunicación certera con el espectador”.

En el libro, Efraín Hernández estudia en detalle la obra de los artistas más reconocidos en cada generación por sus aportes, como Carlos Salazar Herrera, Rudy Espinoza, Alberto Murillo, Magda Santonastasio, Juan Bernal Ponce, Adrián Arguedas, entre otros.

Es muy satisfactorio que incluye también creadores como Álvaro Duval y Héctor Burke, importantes artistas a quienes no se les ha dado el debido reconocimiento como grabadores.

'El obrero enfermo', de Carlos Salazar Herrera.
'El obrero enfermo', de Carlos Salazar Herrera.

Hernández toma también en cuenta en su texto la relevancia que el grabado ha tenido en el campo de la ilustración y hace énfasis en el Repertorio americano, de Joaquín García Monge. Además reconoce la necesidad de completar la investigación a futuro, con una publicación que incorpore los muchos aportes generados del año 2000 al presente.

Esperamos que esto se cumpla porque, sin duda, hay un buen número de propuestas que deben ser revisadas, así como también otras técnicas se podrían incorporar, por ejemplo la serigrafía.

Sobre el libro

Hernández, Efraín y Arguedas Adrián. (2018). Tinta y papel. El grabado en Costa Rica 1934-2000. Una aproximación histórico-estética. EUNA: Costa Rica.

Disponible para la venta en la Librería Universidad Nacional (entrada principal de la Facultad de Ciencias Sociales, Campus Omar Dengo en Heredia) y en la Librería Universitaria UCR (San Pedro de Montes de Oca).

*La autora es catedrática de la Escuela de Estudios Generales de la UCR.