
En la historia de las naciones, hay muchos personajes a los que, debido a su acción, sus ideas o sus formas, se les niega el reconocimiento debido a sus logros y han de esperar al juicio de la historia para que les sean reconocidos. En Costa Rica, quizás no hay figura histórica que haya sufrido más estos efectos que don Rafael Iglesias Castro, presidente entre 1894 y 1902.
Su gobierno fue posiblemente el más prolífico en obra material de la historia de Costa Rica, obra que no solo fue grande, sino duradera: Teatro Nacional, el Colón, Ferrocarril al Pacífico, Bellas Artes, Farmacia, y mucho más. Hoy, en conmemoración de su natalicio, el 18 de abril de 1861, nos abocaremos a analizar la obra cultural de su gobierno, en la que se forja el desarrollo cultural de nuestro país hasta la fecha.
Teatro Nacional como joya
Antes de la existencia de nuestro teatro, existió el Teatro Mora, construido durante el gobierno de don Juanito, mismo que era un pequeño teatro, bastante humilde, pero que cumplía su labor como centro de reunión cultural de la capital.
Lastimosamente, después del temblor de 1888, quedó inutilizable y las artes escénicas tendrían que pasar a realizarse en edificaciones temporales, en lugares públicos y usualmente faltas de las condiciones mínimas necesarias para el disfrute completo del arte, así como con limitaciones para la realización de actividades como bailes o cenas de gala.
En 1889 empezó un movimiento en las clases sociales dominantes que reclamaban un lugar adecuado de recreo y socialización, similar a los distintos teatros extranjeros que estas personas habían logrado conocer.

Así las cosas, en 1890 se firmaría el decreto para su construcción, durante el gobierno de Carlos Durán Cartín. En este momento, nos encontraríamos a la víspera del comienzo del gobierno de don José Joaquín Rodríguez, durante el cual se desarrollaría la mayor parte de la construcción del teatro. Durante este gobierno sería llamado don Rafael Iglesias al ejercicio de la Secretaría de Guerra y Marina por todo el período.
Al asumir este cargo, don Rafael tomaría gran interés en el desarrollo de la obra y se avocaría a la tarea de dar el seguimiento necesario ante los distintos actores que participaron en su construcción, para asegurar que esta se desarrollara debidamente, en tiempo y forma. Así, poco a poco, de la mano del Ministro de Guerra, convertido en Ministro de Cultura ad hoc, fue tomando forma nuestro teatro, fruto del esfuerzo económico de todos los costarricenses.
Debido a la inmensidad de la obra, no tuvo la posibilidad de ver el teatro completo durante el ejercicio de su cargo como ministro. Empero, tendría el honor de inaugurar la magna obra desde el solio presidencial en 1897, emitiendo el primer reglamento del teatro y nombrando al Sr. Cristóforo Molinari como primer administrador del teatro.
Durante el resto de su gobierno sería uno de los principales impulsores del desarrollo de las artes escénicas del país, trayendo, a través de subvenciones, a compañías de ópera y danza, particularmente francesas, alrededor de las cuales empezarían a desarrollarse las primeras compañías criollas, especialmente gracias al asentamiento definitivo de algunos de los artistas extranjeros, como fue el caso de la familia Clare.

Escuela Nacional de Bellas Artes
Junto con la inauguración del teatro, don Rafael no se quedaría de brazos cruzados y contrataría al pintor español Tomás Povedano, quien se haría conocer por instalar escuelas de arte en Ecuador, para venir a nuestro país a cumplir con un encargo particular: fundar una Escuela Nacional de Bellas Artes, que viniera a desarrollar las capacidades técnicas y artísticas de los artistas nacionales, buscando establecer una academia nacional que pudiera encargarse de la promoción de las artes plásticas en nuestro país, sin necesidad de traer profesores extranjeros o de enviar costarricenses a escuelas y universidades extranjeras para capacitarse.
Este encargo no era fácil. Desde el cierre de la Universidad de Santo Tomás en 1888, y salvo durante la administración Iglesias, no se abrirían nuevos establecimientos de educación superior hasta la fundación de la Universidad de Costa Rica en 1940. El gobierno compraría distintas placas y yesos para que se pudiera instalar oficialmente la escuela en las antiguas instalaciones de Santo Tomás.

Allí, el maestro Povedano realizaría su encargo a cabalidad y nacería oficialmente la escuela, de la cual asumiría la dirección hasta la creación de la Universidad de Costa Rica, donde se integraría. El 10 de julio de 1897 se emitiría su primer reglamento, en el que se establecerían las materias de Dibujo, Pintura, Escultura, Estética, Anatomía Artística y Perspectiva.
Desde su fundación y hasta la fecha, la Escuela de Bellas Artes ha sido el principal motor de desarrollo artístico plástico en nuestro país y, al integrarse con el Conservatorio Nacional de Música y con el Teatro Universitario —posterior Escuela de Artes Dramáticas—, gracias al interés y la tradición teatral creada desde la fundación del Teatro Nacional, se convertiría en la cuna del arte, como un todo, de nuestro país.
Escuela de Medicina, Cirugía y Farmacia
Cuando hablamos de cultura, a veces nos centramos mucho en el arte como práctica objetiva y dejamos por fuera a la educación, como materia general, que es parte fundamental del desarrollo cultural de las naciones.
Como se mencionó anteriormente, desde el cierre de Santo Tomás, solo durante el gobierno de Rafael Iglesias hubo un esfuerzo activo para el desarrollo de la educación superior de nuestro país, hasta el nacimiento de la UCR.
Este esfuerzo no se quedaría en la Escuela de Bellas Artes y, en 1895, don Rafael encomendaría a su Secretario de Fomento, el Dr. Juan José Ulloa Giralt, la labor de establecer una Facultad de Medicina, Cirugía y Farmacia para que, al igual que en el caso anterior, se desarrollara una academia criolla que pudiera formar profesionales en estas materias y que actuara, de igual forma, como colegio profesional, según la tradición de la época.

Cuando se estableció esta Facultad, se comenzó a desarrollar la Facultad de Farmacia como institución educativa, a la espera de establecer posteriormente las otras dos facultades.
Lastimosamente, la crisis económica de 1899 impidió que se completara el proyecto; no obstante, ello no significaría la desaparición de la Facultad de Farmacia, que hasta la fecha se mantiene. Originalmente, su plan de estudios tendría una duración de tres años e incluiría una variedad de materias, entre las que se encontrarían: Física, Química, Zoología, Botánica, Farmacia, entre otras.

Esta empresa se realizaría en el marco de una política para mejorar la salubridad pública que se desarrolló durante la administración Iglesias, de la mano del desarrollo cultural que se impulsó.
Así las cosas, gracias al desarrollo de la Facultad de Farmacia se generó un proceso importante de profesionalización de la materia, proliferando las farmacias, boticas y droguerías en el país, al mismo tiempo que se aseguró la calidad profesional de las personas nacionales y extranjeras que venían a laborar como médicos, cirujanos o farmacéuticos.
Derechos de autor
Durante el gobierno de Iglesias no solo se buscó desarrollar la cultura nacional, sino que se buscó protegerla intelectualmente. Por esta razón, en 1896 se aprobó y canjeó con Francia el primer tratado de protección recíproca en materia de fábrica y comercio, mismo que sería el primer instrumento normativo de propiedad intelectual que tuvo nuestro país.
Este acuerdo extendía, entre otras, una protección explícita a las obras literarias, científicas y artísticas y “comprende los libros, folletos y cualesquiera otros escritos, las obras dramáticas con letra o sin ella, las composiciones musicales y arreglos de música, las obras coreográficas, las obras de dibujo, pintura, escultura y grabado, las litografías e ilustraciones, las cartas geográficas, las fotografías […] y en fin, cualquiera producción del dominio literario, científico o artístico que pudiera ser publicada por cualquier medio de impresión o reproducción.”
Este tratado dio paso a la aprobación consiguiente de acuerdos similares con otros países y fue la norma pionera en la protección intelectual de la cultura, tan importante para su promoción y desarrollo.
En conclusión, el gobierno de don Rafael Iglesias Castro fue fundamental para el desarrollo cultural de nuestro país. El impulso extraordinario dado a las artes, las ciencias y la educación es imprescindible y, a la fecha, sigue rindiendo frutos, dándole así, de pleno derecho, el título de Pionero de la Cultura Nacional.