Había prometido una segunda entrega para ahondar en otras facetas de la labor artística de Mercedes Agurcia Membreño. Hela aquí.
En el relato titulado “Niña Mechis”, incluido en el libro digital Nudos sueltos, Marta Hernández Mendoza, su autora, cuenta cómo Mercedes Agurcia, por la mañana “recibía a las alumnas de la escuela [García Flamenco], tocando valses de Strauss…”; y en relación con las escenificaciones, menciona que al lado de esta excepcional docente y artista había un “respetable equipo de trabajo”, cuyo resultado era “éxito total, teatro lleno y lluvia de aplausos”.
Hernández Mendoza afirma que Mercedes (Niña Mechis) y su equipo artístico “nos formaron en el arte” a ella y a sus compañeras.

A propósito, en un artículo reciente, el expresidente Óscar Arias Sánchez afirmaba que “estudiar cualquiera de las manifestaciones artísticas es sumergirse en el conocimiento profundo de una fibra que cada quien guarda dentro y muy pocos nos atrevemos a tocar: la sensibilidad de lo que es hermoso”; de donde concluía que: “Vivir sin alcanzar las profundidades del espíritu humano es vivir en la superficie de un mar en cuyo fondo reside el secreto de la vida”.
Justamente aquí está uno de los tantos méritos de Merceditas: ella, con la varita mágica de su talento, de sus conocimientos, de su sensibilidad, vasta cultura y amor por el arte, supo tocar las fibras sensibles profundas de sus alumnas escolares y remover sus inquietudes artísticas, de tal manera que pudieran apreciar y amar la música, la danza, el canto, el teatro, la pintura, la literatura… Como el testimonio de Hernández Mendoza, he podido recoger el de otras personas, que guardan imperecedera gratitud por Agurcia Membreño.
“Es incansable: dedica casi toda su vida a la labor de extensión cultural, sin buscar elogios, ni aplausos, porque está pagada con el resonante triunfo que obtienen sus alumnas en sus artísticas presentaciones, y el éxito económico del taquillaje que alivia las penurias de la Escuela [García Flamenco]”, dijo una alumna.

Las puestas en escena de obras infantiles dirigidas por Mercedes también tuvieron proyección hacia un público muy particular, que no abonaba boleto. Si hoy decimos, por ejemplo: Reformatorio San Dimas, Casa del Refugio, Reformatorio de Guadalupe, Dormitorio Domingo Soldati, Hospicio de Huérfanos…, estaremos haciendo una visita al pasado, a una Costa Rica muy distinta a la de hoy. Esos lugares eran centros de acogida o de reclusión, según el caso, de niños, niñas, adolescentes y jóvenes en situaciones de abandono, orfandad, desamparo, abuso, prostitución, mendicidad, o que habían cometido delitos.
Era una población que tenía muy pocas oportunidades para el solaz y el esparcimiento, y mucho menos para asistir al Teatro Nacional. Mercedes fue sensible a esa realidad. En una de las tantas cartas dirigidas a la directora de la García Flamenco, leemos: “Doy a usted, por este medio, las más expresivas gracias por el rato de inmensa alegría que nos proporcionó anoche el conjunto artístico del plantel que usted dirige. En esta ocasión usted también dispensó a los muchachos de la casa a mi cargo otra oportunidad: la de vivir plenamente los derechos reservados para los miembros de la sociedad libre”.

Y en otra misiva dice: “Le ruego por este medio aceptar nuestro sincero agradecimiento por el regalo espiritual con que se nos favoreció anoche escuchando y admirando (sic) el conjunto artístico de la Escuela García Flamenco”.
La labor de Mercedes Agurcia Membreño, como se infiere, tocaba otros flancos; no quería que la labor del Teatro Infantil se convirtiera en una actividad cerrada, ajena a lo que sucedía alrededor. Sus presentaciones se aprovecharon, asimismo, para rendir homenajes diversos. Por ejemplo, la función del 12 de agosto de 1951 de Fantasía de Navidad se dedicó a la memoria de la maestra, bailarina y coreógrafa Margarita Esquivel Rohrmoser, fallecida en 1945, a edad temprana, cuando “el camino de su arte estaba abierto, ancho y de un horizonte infinito”, como escribiera Enrique Macaya Lahmann. Margarita se había empeñado en profesionalizar la danza en el país y era justo mantener vivo su nombre y su legado.
La función del 15 de agosto de ese mismo año, fue en homenaje a las madres. El anuncio indicaba: “Y recuerde que el mejor regalo que puede hacerle a su madre, es llevarla a admirar este bello espectáculo”. ¡Qué bien! Una forma de contrarrestar la publicidad de los regalos materiales, que ya empezaba a tomar fuerza.

En setiembre de 1951, con motivo del 135 aniversario de la Independencia, Costa Rica acreditó dos misiones (una de adultos y otra de escolares) para las celebraciones que tendrían lugar en Guatemala. Y este país devolvió la cortesía enviando al director de su Orquesta Sinfónica, Augusto Ardenois, quien dirigió la nuestra; así como al Ballet Guatemala, a cargo de Leonida Katchurousky y Marie Tchernova.
Nada mejor para agradecer tan digna embajada que mostrar el arte de las integrantes del Teatro Infantil de la Escuela García Flamenco. Con esa finalidad se ofreció la función del 13 de setiembre de Fantasía de Navidad. En esa ocasión, además de los integrantes de la agrupación guatemalteca, estuvo presente el embajador de Guatemala en Costa Rica y su esposa. Gestos como estos eran también una forma de enseñar a niños y niñas distintas maneras de agradecimiento y mostrar el trabajo artístico que se estaba haciendo en la García Flamenco. Mercedes Agurcia Membreño llevó también el Teatro Infantil fuera del país en varias ocasiones.

Sería injusto no consignar aquí algunos nombres del equipo de trabajo de Merceditas: la profesora Lía Murillo, directora de la García Flamenco por muchos años; Cecilia Martínez de Álvarez, maestra coreógrafa responsable de los números de baile y danzas de género diverso; el maestro Julio Mata, músico, compositor y director orquestal; Humberto Cubas, encargado de los decorados y Alfredo Ardón, en los efectos de luz. Otros nombres han quedado en el anonimato: vestuaristas, encargados de maquillaje y de peinados. Para todas esas personas nuestro homenaje y recuerdo.