Áncora

Las ruinas de Ujarrás y el recuerdo de la primera Patrona de Costa Rica

Este texto, publicado en setiembre de 1949 por un visionario estudioso de nuestra cultura, anticipa la necesidad de preservar la integridad arqueológica de las ruinas de Ujarrás, un rincón que sin duda habría inspirado a Gustavo Adolfo Bécquer muchas nuevas ‘Leyendas’. El documento está tomado del libro ‘Júbilo y Pena’, de la querida escritora y educadora costarricense Lilia Ramos.

Las ruinas de Ujarrás fueron restauradas y protegidas en 1976 por el entonces Ministro de Cultura, Guido Sáenz. Constituyen un rincón romántico que sin duda hubieran amado Bécquer y Caspar David Friedrich.

Muchos años antes de la conquista, en un hermoso, fértil y profundo valle bañado por el río Orosi o Río Grande, existía una tribu de indios Huetares que sumaban unos trescientos y que le daban al lugar el nombre de Urrací. Fue reconocido en 1561 por los españoles, y en 1569 Perafán de Rivera repartió sus tierras entre sus gentes. Es entonces cuando se levanta el primer censo y en él se le adjudica a Ujarrás, según el Memorial del Cabildo de Cartago, trescientos indios. Antes de esta fecha, al igual que todas las demás tribus, los indios de Ujarrás se rebelaron contra sus conquistadores, para terminar al fin, sin otro camino, sometiéndose a ellos.

Es sabido que al lado de los bizarros soldados españoles iban casi siempre los hermanos cristianos dispuestos a conquistar nuevas almas para su reino. Y así encontramos que entre 1561 y 1569 -según el ilustre escritor don Eladio Prado- se fundó la Parroquia de Ujarrás, levantándose iglesia y convento de paja. Su administración se dio a los Franciscanos que empezaron a reunir a los indios para catequizarlos. La iglesia de Ujarrás o, mejor dicho, la ermita, una vez concluida, se dedicó a la Santísima Virgen María con el título de su Purísima Concepción. Primera casa que se levantaba en honor de María, en nuestra incipiente provincia”.

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