Áncora

Historia y memoria: dos formas de acercarse al pasado

La historia es una construcción de lo que pasó; la memoria es, entre tanto, el recuerdo visto desde el presente. Actualmente, existe una interesante reflexión en torno al significado de dichos conceptos.

La historia y la memoria son representaciones del pasado. La memoria es el sentido que se le da al pasado, afirma Elizabeth Jelin. La memoria es el recuerdo, es personal y es colectiva también; a partir de esto existen “batallas de la memoria”. La memoria sirve a la historia en tanto relato escrito, pero no es estática; sino que tiende a modificarse.

No recordamos igual los acontecimientos. La memoria no tiene límites temporales, como es el caso de la historia, pues es difícil identificar cuando un recuerdo ha desaparecido. Y el recuerdo, de “aquello que sucedió”, se tiene. La historia se puede conceptualizar como el conocimiento científico de los hechos del pasado, el rigor de control de los testimonios (Cuesta, 2013), que se hace sobre un método riguroso, fuentes, métodos y técnicas de las Ciencias Sociales.

De tal manera, la historia es el conocimiento del pasado, donde interviene el sujeto social y el sujeto historiográfico (las y los historiadores profesionales). En suma, el sujeto social hace la historia y, además, ayuda a construirla. Por ende, no se desentiende de la escritura de la historia.

Para los antiguos griegos, Clío es nada menos que la hija de Mnemósine. Desde la perspectiva historiográfica, el concepto de memoria no aparece en los clásicos libros Hacer la Historia, de dos de los miembros más conspicuos de la tercera generación de la Escuela de los Anales: Jacques Le Goff y Pierre Nora, en 1974. En cierto sentido, se trataba de desconfianza tradicional de los historiadores profesionales hacia la memoria. Para 1978, en los volúmenes de la Nueva Historia ya aparece el término “Memoria colectiva”. Allí se explica la importancia de las memorias (lugares simbólicos), el pensamiento social y la memoria colectiva, término que se debe al sociólogo Maurice Halbwachs en su libro Memoria colectiva, donde fracciona historia y memoria, consideró Paul Ricoeur. La historia es una, pero las memorias varias.

El concepto de memoria colectiva surge en la década de 1920 con Halbwachs, para quien la memoria es la “historia vivida”. Según él, la memoria por su naturaleza es múltiple, colectiva, plural e individualizada.

Para 1978, el historiador francés Pierre Nora habla de los “lugares de la memoria”, para colocarse a caballo entre la memoria y la historia, en la idea de no oponerlas, pero tampoco confundirlas, servirse tanto de una como de la otra.

En tal sentido, Nora destaca aquellos espacios que son definidos selectivamente y que durante mucho tiempo han permanecido como símbolos, a saber: efemérides, desfiles, fiestas públicas, ceremonias cívicas, monumentos y estatuas, símbolos, emblemas y prácticas sociales y culturales. Recurrir a la memoria para ensanchar el camino de la historia. Así, surgió la historia de la memoria.

Desde las corrientes posmodernas, se pone en cuestión esa diferenciación entre historia y memoria. Los debates giran en torno a la presencia de tres grandes giros gestados en los últimos años: el lingüístico, el hermenéutico y el subjetivo. En los últimos años, todo se ha centrado en la historia oral, la historia cultural, la nueva historia política, en los llamados “lugares de la memoria franceses” –explica Nora– y en la relación de acontecimientos notables y traumáticos de las sociedades o identitarios.

En esta línea, se advierte que historia y memoria no son lo mismo. Como lo observa Pierre Nora, memoria e historia son conceptos que se pueden operacionalizar de forma diferente: la memoria es un fenómeno siempre actual, un vínculo vivido con el presente eterno; mientras que la historia es una reconstrucción del pasado, quizás problemática e incompleta. Conviene agregar que la historia es, para Nora, una operación intelectual y secular, que requiere de análisis y discurso crítico; entretanto, la memoria es un recuerdo indefinido.

En la relación entre historia y memoria, se destaca el problema de las fuentes como “artefactos culturales”, que no solo sirven para ver la noción de la realidad pasada, sino como mecanismos utilizados como interpretantes del pasado. De tal manera, la memoria sería una fuente más para la historia y, además, desde la historia, con el tiempo y la oralidad, se generan memorias.

Por otra parte, existen otras tendencias que ven a la historia como un proceso intelectual objetivo y la memoria como una actividad emocional y subjetiva. Sin embargo, también confluyen. El discurso historiográfico vincula a las caras Clío y Mnemósine.

Justamente, para autores como Paul Ricoeur, la historia y la memoria tienen una relación dialéctica con la que se explica el pasado en relación con el presente: la memoria es la capacidad de recorrer y remontar los hechos del pasado y establecer un vínculo con el presente, mientras que la historia se sitúa en un espacio de confrontación de diversos testimonios y diferentes grados de fiabilidad. Como señala el historiador costarricense Víctor Hugo Acuña, la memoria ha sido y es matriz de la historia. Y, por ende, la historia se ha constituido como marco crítico de la memoria.

En suma, historia y memoria se pueden entender como conceptos próximos y que se traslapan en territorios similares y fértiles para roturar en el ámbito de la investigación-acción-reflexión.

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