
La Asamblea Legislativa de Costa Rica aprobó este martes la designación de Graciela Moreno Ulloa (1927-2003) como Benemérita de las Artes Patrias.
El proyecto fue aprobado con 39 votos a favor y uno en contra, del legislador chavista Manuel Morales.
La ley N.°25.233, propuesta por la liberacionista Kattia Rivera, subraya que Moreno “realizó aportes sobresalientes en cada una de las artes, visuales, plásticas, danza, lírica, música orquestal, música popular, teatro y los inicios de la conservación y restauración profesional”.
Pero lo que más destaca el texto es la formalización del trabajo artístico desde sus gestiones institucionales: “Lo más importante fue el cambio profundo que impulsó en la cultura de nuestro país. Abrió el Teatro Nacional a los artistas nacionales y conquistó nuevos públicos. La profesionalización de las artes en Costa Rica se debe en gran parte al empeño constante de doña Graciela Moreno”.
Asimismo, entes como el Instituto Nacional de las Mujeres han destacado su labor social. “Presidió la Fundación de Amigos Pro Mejoras del Teatro Nacional, y fue miembro de algunas Juntas Directivas de Asociaciones, Fundaciones y Entidades relacionadas con la salud y la defensa de los derechos de los enfermos de cáncer y sida, la niñez y de adultos mayores“, rescataron en una publicación de 2016.
Hija del doctor Ricardo Moreno Cañas y Graciela Ulloa Barnet, Moreno se graduó como licenciada en Artes Plásticas con énfasis en pintura en la Universidad de Costa Rica y posteriormente se trasladó a México donde ingresó a las Escuela de Artes del Libro, la Facultad de Filosofía y Letras y la Escuela de Teatro de Bellas Artes.
Destacó por su labor en México, pero volvió al país procedente de México para dirigir el departamento de radio del Ministerio de Cultura, lo que hoy es Radio Nacional; empero, el ministro Alberto Cañas la designó en el Teatro Nacional y allí dejó su huella por la apertura, fleixbilidad e innovación en su forma de gestionar el espacio.
Durante la gestión de Moreno se empredió la restauración de los interiores históricos, como el estuco al fresco (en el pasillo de acceso al palco), y en 1982, la pintura y renovación del vestuario y espacios anexos.

En 1991 y 1992, supervisó la restauración de la estructura afectada después de los terremotos del 22 de diciembre de 1990 y 22 de abril de 1991.
“Sin duda es más que merecido para doña Graciela Moreno, una mujer que asumió desde 1974 esa dirección (del Teatro Nacional”, dice Kattia Rivera.
“Creo que lo más importante es ese aporte cultural. Veía una frase con la que me identifico, y es que ‘hay personas que no dirigen instituciones, sino que las habitan’. Sin duda, eso fue lo que hizo doña Graciela con el Teatro Nacional, donde vimos que una institución que estaba abierta para muy pocas personas, o que la gente no se sentía con la confianza de ingresar, fue ella la que abrió las puertas a los artistas jóvenes, apostó por músicos, grupos corales, teatro experimental y danza emergente”, explicó la legisladora.
En 1981, fundó el Festival de Jóvenes Coreógrafos, que desde 1998 lleva su nombre: Festival de Coreógrafos Graciela Moreno, consolidado como el más importante de danza contemporánea en nuestra región.
