Olga Marta Mesén Sequeira (mesenolga@gmail.com). 23 agosto
Brunhilda Rodríguez de Portilla en su casa en Atenas, en el 2019. La también compositora es la única sobreviviente del Teatro Universitario de 1951. Foto: John Durán.
Brunhilda Rodríguez de Portilla en su casa en Atenas, en el 2019. La también compositora es la única sobreviviente del Teatro Universitario de 1951. Foto: John Durán.

El 11 de junio de 1951 fue una fecha determinante en nuestra historia cultural. Ese día, el Consejo Universitario de la Universidad de Costa Rica (sesión 023) tomó el acuerdo soberano de autorizar al rector, Lic. Fernando Baudrit Solera, para que firmara un contrato bastante singular. La primera cláusula fijó claramente los propósitos: “Con el objeto de orientar los estudios necesarios para la fundación del Teatro Universitario y de tener a su cargo el desarrollo del mismo; y a fin de que los estudiantes universitarios que sientan vocación por esa actividad puedan adquirir los conocimientos necesarios y desarrollar plenamente sus aptitudes artísticas, la Universidad de Costa Rica contrata a los Artistas en la forma y condiciones que en seguida se estipulan”.

Los “Artistas” eran cuatro integrantes de la compañía teatral española Lope de Vega que estaba actuando en el país: Concepción Montijano García, Pilar Gómez del Real (Pilar Bienert), José Carlos Sánchez Sánchez y Luis Felipe Lazcano Gaelo.

Antecedentes

El Consejo Universitario, único órgano legalmente competente para crear, en la Universidad de Costa Rica, unidades administrativas, académicas o artísticas daba un paso fundamental y trascendente para la comunidad universitaria y el país. Esta decisión respondía a los deseos y necesidad de organizar, concentrar y normar administrativa y funcionalmente, las manifestaciones teatrales, plasmados en un memorial del 21 de mayo de 1951, rubricado “por un numeroso grupo de estudiantes y profesores universitarios” encabezado con las firmas del profesor Alfredo Sancho Colombari y los cuatro artistas ya mencionados.

La Universidad de Costa Rica no solo contrató un equipo de artistas de renombre y amplia experiencia en artes dramáticas, sino que le asignó a la nueva entidad recursos económicos y una estructura administrativa, cuya cabeza era el Consejo Universitario, apoyado por una Comisión del Teatro, de la que dependía el director -cuyo nombramiento recayó en Sancho Colombari- y, finalmente, bajo las órdenes de este, los “Artistas”, indicados.

Forma muy particular de crear una entidad, mediante un contrato -que se firmó el 21 de junio de 1951-, cuyo contenido era una mezcla de regulaciones administrativas, laborales, artísticas, académicas, de proyección social y otras. Se precisó, por ejemplo, la “preparación teatral” a cargo de los “Artistas”, por medio de clases teóricas y prácticas: dicción, movimiento y maquillaje, historia del teatro y literatura dramática; conocimientos básicos imprescindibles para los estudiantes, puesto que el país carecía de academias para estudiar formalmente artes dramáticas, y los “Artistas” eran los indicados para la formación de los futuros actores y actrices.

Anuncio del primer montaje del Teatro Universitario, publicado en La República el 13 de julio de 1951.
Anuncio del primer montaje del Teatro Universitario, publicado en La República el 13 de julio de 1951.
14 de mayo de 1951

Esta fecha, digna de mejor memoria, debe destacarse en las crónicas patrias, pues ese día arribó al país la compañía teatral española ya mencionada, para debutar al día siguiente. La gesta de traerla al país fue obra de Manuel Rafael Yglesias Echeverría, quien concibió la idea, y de Carlos Manuel Brenes Méndez, que aportó los recursos económicos, apoyados por don José María Cavanillas, Ministro de España en Costa Rica, cuyo aval fue requerido por el director de la Compañía.

Costa Rica no estaba prevista en el itinerario original de la agrupación, iniciado en Cuba, a finales de 1949, que comprendía, además, Puerto Rico, República Dominicana, Venezuela, Colombia y Panamá; pero Yglesias Echeverría y Brenes Méndez lograron su inclusión.

El dramaturgo Daniel Gallegos Troyo recordaría la presencia de ese conjunto artístico así: “La ‘Lope de Vega’ causó un entusiasmo tremendo, como si le hubieran puesto a este ambiente apacible, parroquiano, una bomba de cultura”. Y, ¡cómo no!: 58 funciones en 38 días: del 15 de mayo al 21 de junio de 1951. Un repertorio muy amplio del teatro universal y español.

El último día de la temporada, además de firmarse el contrato entre los “Artistas” y la Universidad, hubo presentaciones benéficas, homenajes y entrevistas, a los que se sumaron la aclamada puesta en escena de Don Juan Tenorio, de Zorrilla, los actos oficiales de despedida, a cargo del presidente de la República escoltado por estudiantes de secundaria, y una gran fiesta artística para terminar. Así se clausuró uno de los acontecimientos de mayor trascendencia cultural ocurridos en el país, en la segunda mitad del siglo XX.

Hecho histórico determinante

La creación del Teatro Universitario constituye la piedra angular del “edificio” teatral que se levantaría en el futuro y marca la génesis del teatro profesional en el país, porque, a partir de ahí, surgió un interés sistemático por el teatro, la apertura de salas, la puesta en escena de piezas, la práctica de comentar los montajes, la creación dramática, la publicación de textos y la necesidad imperiosa de la formación profesional de actores y actrices, escenógrafos, iluminadores, vestuaristas y otros trabajadores del teatro.

La autora es investigadora independiente.